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APARTADO POSTAL 3630
SANTO DOMINGO
REPUBLICA DOMINICANA

Vargas Llosa y "La Fiesta del Chivo"

Una nueva novela sobre dictadores latinoamericanos, que tiene en la literatura española una larga tradición, incluido aquel "Tirano Banderas", que escribió Ramón del Valle Inclán la relación entre historia y ficción y la situación del Perú, que el escritor no puede obviar.


BUENOS AIRES.- La relación entre historia y ficción fue una de las cuestiones que debió resolver el escritor peruano Mario Vargas Llosa, al encarar la escritura de su última novela "La fiesta del chivo", donde aborda los últimos momentos de la vida del dictador dominicano Rafael Trujillo, una figura que se transforma en paradigma de las tiranías latinoamericanas del siglo XX.

Dictaduras entre las cuales incluye, y no por casualidad, a la de Alberto Fujimori, actual presidente de su patria, aunque se trate -como subraya- de "una dictadura democrática", por el hecho de que Fujimori fue votado por sus compatriotas.

Al autor de "Conversación en la Catedral" el personaje y la temática le daba vueltas desde los años '60, cuando efectuó un viaje a República Dominicana. Inició entonces una etapa de recopilación de documentación sobre el período 1930-1961, cuando Trujillo manejó este país con mano de hierro, el rastreo de las historias y anécdotas y la lectura de materiales.

INICIO DEL PROYECTO. Se trató sólo del punto de partida. Recién en 1996, Vargas Llosa inició su trabajo sistemático en esta novela, que le creó serias dificultades, sobre todo por la necesidad de manejar un lenguaje peculiar, completamente alejado del que le es familiar.

Frente a dichos problemas, el escritor fue claro: "Lo que importa es ser verosímil, no verídico". Dicho de otro modo: escribió situaciones históricas como hechos de ficción, "lo que no significa ser fiel a los hechos, sino no atribuir a ningún personaje acciones imposibles. Además, nunca se convencerá al lector de que la 'ficción es ficción'".

El premio Cervantes de Literatura se sintió superado por el proyecto en varias oportunidades e incluso hubo episodios que no pudo y no quiso incluir porque la crueldad de la descripción no los habría hecho verosímiles.

La política es ineludible para Vargas Llosa y, a partir de "La fiesta del chivo", no vacila en afirmar que Trujillo y Fujimori son del mismo palo, recurren a procedimientos similares y son igualmente inescrupulosos.

Según el autor de "La Casa verde", la elección de Trujillo como protagonista no es casual y se basa en la teatralidad del personaje y en la transformación que, por entonces, se hizo de la vida política del país en una terrible y siniestra farsa.

Y aunque la política, la historia y la literatura aparecen íntimamente relacionadas en "La fiesta del chivo", el escritor -que fue candidato a presidente del Perú en 1992- se encargó de subrayar que, cuando habla de política, en rigor prefiere el ensayo o la autobiografía.

PROYECTO. Vargas Llosa es un escritor incansable: apenas concluida la novela ya comenzó a trabajar en otro proyecto. Una novela que tiene como protagonista a Flora Tristán, una francesa que en el siglo XIX hizo un viaje a Perú, para ser reconocida por su familia de origen.

Existe toda una línea narrativa en América Latina -e incluso en España con "Tirano Banderas", de Ramón del Valle Inclán-, que tomó como protagonista al arquetípico tirano -arbitrario y cruel-, incluido en otras novelas como "El señor presidente" (Miguel Angel Asturias), "El otoño del patriarca" (Gabriel García Márquez) y "Yo el Supremo" (Augusto Roa Bastos)



VARGAS LLOSA Y LA FIESTA DEL "JEFE"



¿Quién se atreverá a realizar un Ensayo sobre la Estupidez como motor de la Historia?

Pierre Goubert. Historia de Francia.

La novela no es ni debe ser tributaria de la historia. Esta puede aportarle el tema. Aquella tan sólo es una de sus infinitas variaciones posibles en la imaginación creadora del novelista. Aunque la historia es una, el hecho histórico es díscolo, elusivo y hasta oculto o incoherente en su secuela. Al historiógrafo corresponde desenterrarlo, interpretarlo, y encuadrarlo en una secuencia cronológica, consistente y lógica, con estricto apego a la realidad objetiva. La historiografía es, a juicio nuestro, una interpretación escrita de la historia, sujeta al constreñimiento ético y valorativo del respeto irrestricto a la verdad.

La historiografía como la novela, son recreaciones, pero en una y otra, los conceptos de realidad y verdad son radicalmente diferentes. En la primera la verdad está referida a la realidad objetiva del hecho histórico. En cambio, en la novela la verdad está comprometida con la humanidad de sus personajes y su coherencia psicológica. Más que en el hecho objetivo y concreto, nos parece que el novelista se motiva en el variable drama humano que tales hechos podrían desatar en el espíritu de sus personajes.

Vargas Llosa no se propuso realmente escribir una novela histórica; sino campear libremente en el fecundo terreno de la novela, espoleado por la fascinación y a la vez el asombro que en su espíritu producía ese momento de nuestra historia llamado "Era de Trujillo", con su rica profusión de caracteres humanos.

Pero la realidad en aquella era fue novelesca. Una especie de novela escrita por el dedo de la historia. Y escrita con absoluta coherencia. En su escenario, los personajes se movían y encajaban con armonía y sin discordancia en la perfecta trabazón de un sistema.

Escribir una novela sobre un país cuya historia es mito o novela es muy difícil tarea. Es sumergirse en el plano surrealista de una novela de la novela. He aquí por qué para cualquier dominicano habituado al mito y a la vida novelesca, toda narración que toque hechos históricos se convierte ante sus ojos en la verdadera historia, que paradójicamente es menos temida que la pura novela, porque ésta pone al desnudo y expone a la luz el alma de sus protagonistas; en cambio siempre es posible distorsionar interpretativamente el hecho histórico para acomodarlo a las conveniencias del poder político o de influyentes grupos sociales. El novelista puede jugar a su antojo con nombres, fechas y hechos, pero nunca falsear deliberadamente la íntima realidad sicológica de sus personajes.

Vargas Llosa ha confesado que La Fiesta del Chivo fue para él su novela de más difícil escritura. No es para menos. Aproximarse a la críptica personalidad de Trujillo desde el lugar común de la información circulante sobre su régimen puede conducir al escritor a un punto crítico de la narración que le plantea el dilema de revisar su plan, o exponerse a venir por lana y salir trasquilado. Porque Trujillo y su régimen, a pesar de lo odioso y vituperable que haya sido, rompió la ortodoxia del despotismo personal tradicional en nuestro continente. Esta fue precisamente la tesis doctoral que le costó la vida al profesor Jesús De Galíndez.

Porque "El Benefactor" no fue el usurpador de un orden existente -no había tal cosa en nuestro país- sino su creador. Un orden ad hoc ajustado con precisión y eficacia a la personalidad del "Jefe" y a la mentalidad de los dominicanos. Un orden trasunto de una democracia deformada cuyo factor constante de degradación fue la coherencia. Organos, funciones y decisiones de la maquinaria del régimen ajustados a la perfección y operando con cronométrica precisión bajo la omnímoda y férrea voluntad de Trujillo. Un tirano sin lugar a dudas, pero no sólo eso sino algo más que eso.

El orden violentamente impuesto por Trujillo fue aceptado por la gran mayoría de los dominicanos en virtud de que el Estado era una eficiente realidad que cumplía puntual y cabalmente con sus fines y nadie se atrevía a cuestionar y cuyas normas y autoridad regían por igual para todos con la única excepción del interés personal del "Jefe".

La coherencia, el continuo adoctrinamiento propagandístico y sobre todo el aislamiento del mundo exterior que privó al ciudadano común de términos de comparación, terminaron por conceder a la tiranía carta de efectiva democracia y de difundir en toda la sociedad dominicana un estado de encanallamiento generalizado en virtud del cual los actos más negativos y nefandos eran aceptados por la generalidad de la gente como regulares y propios del sistema. Un sistema en que el acto político se difuminaba hasta convertirse en mero acontecimiento social. Esto explica lo que tanto sorprendiera a Vargas Llosa en relación a la preeminencia de la crónica social en los diarios de la época.

Un aspecto muy importante y sutil para explicar la prolongada vigencia de la Era de Trujillo, que la emotividad antitrujillista impide ver, es que a pesar de su brutalidad, el régimen forzó a los dominicanos -díscolos por naturaleza- a participar en un proyecto común. Al hacerlo, rescató al hombre dominicano de su histórico estado de soledad y abandono, para incorporarlo y darle un sentido de pertenencia a algo importante. El temor a la represión o a la muerte física cede el paso al horror que produce la excomunión. De ser marginado o excluído. Es el trágico y patético drama de Agustín Cabral, que en su angustiada desesperación sacrifica a su hija única esperando el perdón de una ofensa que él ignora, y su reincorporación al régimen.

Algo que en la novela de Vargas Llosa no está suficientemente elaborado, es el inevitable conflicto sicológico de los conjurados ante un acto que aunque histórica y humanamente necesario y justificable, implicaba una ruptura de la legitimidad por un grupo de personas que eran o habían sido estrechos colaboradores del régimen e inclusive algunos de ellos fervientes trujillistas.

Un pasaje que llamó significativamente mi atención fue el de un Antonio de la Maza que se reprochaba insistentemente y sin poder explicárselo el no haber dado muerte a Trujillo teniéndolo al alcance de la mano en su despacho del Palacio Nacional cuando éste lo citó para ofrecerle un contrato de construcción, tras ordenar el asesinato y la deshonra de su hermano. No le faltaba a la de la Maza valor personal, odio, ni resolución para matar al "Jefe" en la soledad del despacho, sin embargo, lo que éste representaba, lo paralizó. El miedo subconsciente a quebrar la legitimidad.

Cuando leí hace alrededor de treinta años el libro de Desmond Morris "El Zoo Humano", en el cual describe los diez principios que deben regir en cualquier esquema de dominicación y ser atributos poseídos por el jefe, me pareció que ese autor se había inspirado en la personalidad de Trujillo:

1. El jefe del grupo debe hacer clara ostentación de las galas, actitudes y gestos de la dominación.

2. En momentos de rivalidad activa, el jefe debe amenazar agresivamente a sus subordinados.

3. En momentos de desafío físico, el jefe o sus delegados debe poder dominar por la fuerza a sus subordinados.

4. Si un desafío implica más maña que fuerza, el jefe debe poder mostrarse más inteligente que sus subordinados.

5. El jefe debe sofocar las querellas que surjan entre sus subordinados.

6. El jefe debe recompensar a sus subordinados inmediatos permitiéndoles disfrutar de los beneficios de sus altos rangos.

7. El jefe debe proteger de una persecución injusta a los miembros más débiles del grupo.

8. El jefe debe tomar decisiones concernientes a las actividades sociales del grupo.

9. El jefe debe tranquilizar de vez en cuando a sus subordinados.

10. El jefe debe tomar la iniciativa al repeler amenazas o ataques procedentes del exterior de su grupo.

En cada uno de los puntos de ese decálogo para el ejercicio del poder y la dominación, Trujillo asoma su rostro.

Es de presumir que personaje de tal reciedumbre de carácter, potente voluntad, excepcional inteligencia, capacidad de trabajo y sentido de organización, ausencia de escrúpulo político combinado con un peligroso histrionismo, con un cuasi místico sentido de predestinación, y con la vitalidad potenciada de la dimensión ficcional, porque el personaje novelesco siempre es vivo y activo, retara ad limine al escritor, a quebrar lanzas con él para vencerlo a golpes de fascinación.

Sospecho que desde el primer lance, Vargas Llosa tuviera una íntima, secreta e irrevelable sensación de que enfrentaba una fuerza cósmica, un personaje novelesco que lo atraía para meterlo y comprometerlo con su propia novela. Para convertirlo en convidado excepcional en su propia fiesta: la fiesta del "Jefe". Porque a nuestro parecer, aunque "La Fiesta del Chivo" de ningún modo sea un elogio del régimen, si lo es desde cualquier punto que se mire, de las figuras de Trujillo y Balaguer. Un elogio tibio y callado, como las noches de Veracruz.

La novela nos presenta a un Trujillo moderador de la feroz truculencia de Johnny Abbes y reserva la narración de los hechos más nefandos, macabros y horrorosos, para el momento en que ya Trujillo ha emprendido su peregrinación al infierno.

He leído con sumo interés "La Fiesta del Chivo". La he leído como lo que es: una novela. No me interesa el paralelismo de los personajes ficticios ni establecer quienes son sus pares reales. Pero me parece que es excesivamente alto el tono biográfico de esta novela. Lo cual por otra parte la hace más atractiva para el lector dominicano, quien debe considerar su lectura como un deber. Su lectura ha robustecido mi opinión de que la difícil conducción de la transición a la democracia, ha sido la gran obra maestra del doctor Balaguer.

Personalmente creo que aunque sea una buena novela, de ningún modo es la mejor de Vargas Llosa. El uso del lenguaje es descuidado y desmayado a veces. Considero que la referencia al trágico destino de Johnny Abbes en el último capítulo, es un ripio desubicado e innecesario, propio más bien de un epílogo. Una muestra tal vez sea del desconcierto que Trujillo ocasionó en Vargas Llosa.

Pero el autor reservó su carta de venganza para jugarla en el último capítulo de la obra. Urania Cabral. Esta no regresó para vindicar la ofensa y el daño que le infiriera su padre. La oculta intención del novelista fue convertirla en su ángel vengador haciendo trizas la hombría de Trujillo. Vendetta que convirtió a Mario Vargas Llosa en personaje espectral de su propia novela.



La exposición de Freddy Rodríguez, ‘‘En esta casa Trujillo es el Jefe’’ , presentada en el Centro Cultural de España, ha provocado una serie de reflexiones y cuestionamientos sobre la política cultural y el arte durante la dictadura.
Notas sobre las artes plásticas y la era de Trujillo



Cuando Rafael Leonidas Trujillo Molina tomó el poder se asomaba la década del 30, años duros en todas partes, de destrucción de la democracia y de ascenso del fascismo. En aquellos tiempos siniestros y fanatizados, el arte oficial cumplía una función ideológica y era un instrumento de propaganda: dos grandes ejemplos fueron las producciones plásticas de la Alemania Hitleriana y de la Unión Soviética. Los artistas debían someterse, glorificando los regímenes totalitarios y las fuerzas sociales correspondientes, o hacerse olvidar entregados a empleos de supervivencia, o exiliarse para escapar a las persecuciones y a un destino fatal.
Ello nos explica que, en aquel período, dominado por el arte figurativo, imperaban dos tendencias: una realista, destacando a través de cuerpos robustos y alegorías los logros del trabajo y el orden, y otra que podríamos interpretar como una reacción ante la primera, surrealista y expresionista, disfrazada de metáforas y mitos para correr menos riesgos.
El régimen nazi condenó ese ‘‘arte degenerado’’. En Estados Unidos, pese al contexto diferente, sobresalía una pintura socializante, y en América Latina el muralismo había conseguido, con resultados a veces extraordinarios, fundir la modernidad, el populismo y un arte doctrinario.
República Dominicana no entró en esos cánones, y las artes visuales no estuvieron sometidas a una opresión estilística y temática. La situación fue mucho más matizada y compleja, probablemente porque las artes no formaban parte de las diversiones y expresiones populares, a diferencia de la música, el merengue y la canción.
Ciudad Trujillo en 1935
El subdesarrollo del sector público era patético: ausencia de una escuela de bellas artes, de galerías y museos de arte, de exposiciones -mezclándose todavía con las manualidades, así la primera exposición de artes e industrias populares en 1935-. En ese mismo año se remodeló el deteriorado Museo Nacional, donde, aparte de las salas de arqueología y de armas, había una sala de arte moderno, de museografía obsoleta, en el medio del cual figuraba un retrato solemne de Trujillo.
En el Album de Oro del 1936, el comentario sobre el museo comenzaba con estas palabras: ‘‘El Generalísimo Trujillo, a quien no podía escapar la imperiosa necesidad de remediar tan grave falta, procedió en los finales del año pasado a la reconstrucción total del Edificio del Museo Nacional’’. Seguía una breve descripción del local y su contenido.
En la misma época se otorgó una subvención a la Sociedad Amantes de la Luz en Santiago y al Ateneo Dominicano en Santo Domingo, ‘‘para fines de divulgación científica y artística’’. Hasta la apertura de la Galería Nacional de Bellas Artes en 1943, ese fue el lugar predilecto para exposiciones. En 1940, se trasladó la colección nacional de arte al Ateneo, ya que no cabía en el Museo Nacional. Aunque nos puede sorprender, el Ateneo Dominicano jugó, en la época de Trujillo, un papel importante, no sólo para las humanidades en general, sino para las artes plásticas.
No existía todavía una academia estatal, pese a que figuraba, en la recopilación del 1936 la mención de ‘‘Dos Escuelas de Dibujo, Pintura y Escultura’’ además de la Escuela de Artes Manuales. Ahora bien, en el 1936, la embajada dominicana en Madrid había recibido del pintor y catedrático español Daniel Vázquez Díaz, un reglamento para la ‘‘Escuela de Bellas Artes de Ciudad Trujillo, Pintura, Escultura, Música y Grabado.’’
El documento conlleva una programación muy completa y rigurosa, enviada probablemente a República Dominicana, aunque hubo que esperar la llegada de los inmigrantes españoles y el 1942, para la fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Cuando leemos el pensum escrito en el 1936, no podemos evitar una cierta pena al comprobar que, a más de 60 años de aquella propuesta, los programas y reglas de la academia oficial son en gran medida similares.
En la década del 30, las artes visuales no cobraban importancia. Santo Domingo, vuelta ‘‘Ciudad Trujillo’’, tampoco tenía liderazgo nacional, en relación con La Vega y Santiago, y la primera gran exposición del decenio en Santo Domingo fue la del pintor santiaguero Yoryi Morel, en 1932. La recapitulación de un siglo de cultura en República Dominicana, de 1844 a 1944, en los Cuadernos de Cultura, no menciona nada en ese renglón del arte, con excepción de desde la fundación del Ateneo Dominicano hasta la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
El despegue de la modernidad y los inmigrantes
Ahora bien, ese papel minoritario dentro de la cultura preservó la relativa independencia de los artistas dominicanos, mientras la música, y en particular el merengue, poseían mucho más fuerza de penetración para la propaganda política.
Cabe subrayar que no hubo en República Dominicana la imposición de un arte oficial, en estilo y un tema, como el que mencionamos en los regímenes dictatoriales y aun en Cuba. Los artistas dominicanos no perdieron su libertad de creadores, ni fueron sometidos a una adhesión coercitiva. Ellos supieron evadir por una parte el control cada vez más drástico de los medios expresivos, y por otra contornear, adoptando el expresionismo, el simbolismo, la abstracción, las referencias al régimen. ‘‘Yo pinto silenciosamente’’, decía Eligio Pichardo, afirmación llena de sabiduría de quien pintó ‘‘El Sacrificio del Chivo’’.
El pintor puertoplateño Jaime Colson vivía en Europa. Volvió, y se fue nuevamente. Varios otros también se marcharon al extranjero para estudiar, trabajar, escapar a la presión no tanto sobre el arte, sino del ambiente en general. Así, el propio Eligio Pichardo, Silvano Lora, Ada Balcácer, Fernando Peña Defillo... No fue el caso de Paul Giudicelli: pese a sus intentos, el creador del arte contemporáneo dominicano nunca consiguió sacar pasaporte y viajar al exterior, por razones de anti-trujillismo familiar.
Quien más se acercó a una pintura realista y alabatoria del régimen fue José Vela Zanetti, en varios de sus murales de encargo para los edificios públicos. Con toda probabilidad él conocía esa vertiente dogmática de la pintura occidental oficialista.
Mencionar el nombre del gran muralista español nos remite al factor histórico que determina el verdadero ingreso de República Dominicana al arte moderno y a estructuras institucionales que fomentan su desarrollo: la llegada al país de los inmigrantes europeos, españoles y germano-austríacos judíos en 1940.
En la reunión internacional de Evian en 1938, la delegación enviada por Trujillo se compromete sorpresivamente a acoger decenas de miles de refugiados y perseguidos. Sabemos que esa iniciativa aparentemente humanitaria, proclamada por el propio Generalísimo en 1939, en realidad se utilizó para bajar la indignación provocada por las masacres de haitianos del 1937.
De hecho, los inmigrantes no pasarán de algunos miles, y la mayoría se quedarán poco tiempo. Ahora bien, las decenas de pintores, dibujantes y escultores que hubo entre ellos, contribuyeron decisivamente al movimiento de un arte dominicano, mirando al futuro. Real y simbólicamente, un nuevo período empezó con la Exposición de Bellas Artes en el Palacio Nacional, en junio de 1940, con motivo de la II Conferencia Interamericana del Caribe. Trece artistas expusieron, 10 inmigrantes y tres dominicanos: Darío Suro, Yoryi Morel y Celeste Woss y Gil.
Sobresale el nombre de Rafael Díaz Niese, primer director general de Bellas Artes. A ese mentor dominicano y sus asesores europeos debemos la celebración de las bienales nacionales -que se realizaron puntualmente hasta la muerte de Trujillo-, la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1942, la inauguración de la Galería Nacional de Bellas Artes en 1943, en 1944 las exposiciones itinerantes de Pintura- llegando hasta la frontera-.(1)
Los historiadores han mencionado esa política proteccionista, favoreciendo una expresión nacional, de Trujillo, que incluyó el encargo de obras para el Estado. Ahora bien, eso nos debería hacer reflexionar una vez más y servir de punto de partida para una renovación de la política cultural dominicana. Fuera del desarrollo del sector privado y una evolución general del país, prácticamente no ha habido un avance del arte a nivel de instituciones e iniciativas públicas. Las bienales nacionales, a menudo sin razones plausibles, se han espaciado, y en cuanto a la política de descentralización, iniciada por las llamadas exposiciones ambulantes - por cierto pronto interrumpidas- tampoco ha progresado en el ámbito estatal.
Dedicatorias a Trujillo
Por supuesto, todos los eventos artísticos se dedicaban al Generalísimo Trujillo, todos los discursos y escritos proviniendo de personalidades ostentando cargos públicos se iniciaban con algunas frases, uno o varios párrafos de loas a Trujillo -¡a cualquier medida o evento se aplicaban las metas de superación y la política de progreso del Jefe!-, de intensidad y extensión variables según los autores. Una vez cumplido ese rito, se entraba en materia. Curiosamente, después de casi 40 años de democracia, el hábito de la referencia necesaria, a veces reiterada, a la más alta instancia del Estado aún perdura en discursos.
Hemos afirmado que no imperó, con la excepción relativa de los murales, una pintura oficialista, dictando pautas a los artistas. No obstante, y eso era absolutamente normal en aquella situación de tiranía megalómana, abundaron los monumentos, estatuas y retratos, en torno al dictador y -menos- a su familia. Una buena parte se confió a artistas extranjeros, italianos y españoles, incluyendo a Manolo Pascual -quien tuvo que trabajar con decenas de fotos, habiéndose negado Trujillo a posar para su busto-, y no se ha olvidado la efigie del ‘‘Benefactor’’ y sus cinco estrellas en murales de Vela Zanetti, luego borrados, como lo comprobamos en el Hospital Salvador B. Gautier. Emilio Rodríguez Demorizi menciona una estatua colosal que se quedó inconclusa en Madrid, por el ajusticiamiento del dictador.
Esa concesión ineludible, que todos comprendemos, también requirió de artistas nacionales, de ningún modo ligados a Trujillo, como Antonio Prats Ventós, Radhamés Mejía o Luichy Martínez Richiez. Yoryi Morel retrató a una hija, no recordamos si era Flor de Oro o Angelita. Ramón Oviedo, traído casi a la fuerza, llegó a pintar adornos para los cuadernos de Angelita y Radhames, y un retrato de don José Trujillo Valdez, que nunca le pagaron...
Fueron unas tareas de supervivencia, independientes de la verdadera creación, sacrificada por la ausencia de mercado, pero muy poco afectada por dictámenes oficiales. Obviamente Trujillo no sabía leer las connotaciones de una obra de arte, -si juzgamos ciertos contenidos sociales en pinturas de la década del 50-. Luego, encargos temáticos como las obras para la Feria de la Paz y de la Confraternidad del Mundo Libre de 1955, permitieron a varios artistas jóvenes comer y ejercer el oficio.
Después de la muerte de Trujillo, retratos -con una infinidad de fotografías, dignas de estudio- que inundaban los edificios públicos, hasta en las aulas y las entradas de las escuelas, y esculturas fueron retirados por disposición del hijo mayor Ramfis Trujillo. Una medida probablemente aconsejada por Joaquín Balaguer. No pocas estatuas, como la de San Cristóbal, fueron derribadas y destrozadas por el pueblo iracundo.
El arte prestigia a las dictaduras, y los dictadores lo utilizan para engrandecer su imagen y fomentar su propaganda. Trujillo no ha sido diferente de sus pares, en cualquier parte del mundo. No obstante, la obsesión glorificadora y los requerimientos ideológicos no impidieron el desarrollo de una plástica dominicana autónoma y moderna. Así se instauró y funcionó una estructura institucional de educación y emulación artísticas, avanzada para la época.
Lamentablemente, hoy mucho queda por hacer en el sector oficial del arte, y duele recordar la política cultural de una dictadura para valorar las necesidades del presente.








Vargas Llosaestima fascinante el rol de
JOAQUIN BALAGUER en la historia de Latinoamérica
Vargas Llosa asegura que le han causado pesar las reacciones surgidas entre parientes de algunos personajes citados en su novela La Fiesta del Chivo, aunque cree injustas algunas de las críticas que se le han heccho

En una entrevista realizada anoche en una emisión especial por el periodista y escritor Miguel Guerrero a través de CDN Cadena de Noticias al novelista Mario Vargas Llosa en torno a su más reciente obra, ‘‘La Fiesta del Chivo’’, el escritor dijo que el cuadro que describe de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo debe servir para reconocer el valor de la democracia y sostiene que esta debe ser sostenida no solamente cuando los derechos son conculcados.
Asimismo estimó que el ex presidente Joaquín Balaguer es un caso fascinante y enigmático por su vigencia por décadas en la vida política nacional.
El libro, impreso en esta capital, fue presentado el pasado miércoles en esta ciudad y hoy será puesto en circulación en la ciudad de Santiago, en actos encabezados por el mismo autor.
La transcripción de la entrevista es la siguiente:
MG: ¿Qué opina de la reacción que vio anoche en la puesta en circulación de su libro La Fiesta del Chivo?
MVLL: Bueno, fue para mí una experiencia gratísima, por la cantidad de gente que acudió a la presentación y por la manera tan cordial conque me recibieron. Escuché muchos aplausos, unas demostraciones de cordialidad y de cariño que para mí fueron realmente muy conmovedoras, porque este libro tiene desde luego una connotación muy especial, está inspirado en la República Dominicana. Ha sido escrito gracias a la ayuda, a veces involuntaria de muchísimos dominicanos. Así que la reacción de los dominicanos era la que a mí desde luego me interesaba más, y por lo menos esta primera reacción ha sido cordialísima y yo estoy profundamente agradecido por ella.
MG: Pero la reacción no ha sido unánime, a esa reacción se han añadido algunas críticas del libro.
MVLL: Bueno algunas no, bastante. He seguido más o menos esa controversia que, desde luego, creo que era inevitable. El tema, Trujillo, el Trujillismo, los efectos de la dictadura en la sociedad dominicana, pues, son todavía motivo de actualidad y no existe ni puede existir unanimidad de pareceres al respecto. Así que entiendo muy bien que a mucha gente ese libro no le haya gustado y que haya despertado críticas adversas. Creo que un escritor debe acatar las críticas, sobre todo si tiene convicciones democráticas como tengo yo. Algunas de esas críticas me han parecido injustas. Anoche yo me referí a las críticas que han hecho algunos parientes de los De la Maza. La verdad que para mí la familia De la Maza es una familia mártir. Probablemente ninguna familia dominicana ha sufrido tanto con los asesinatos, los crímenes, los abusos que cometió la dictadura como los De la Maza. Y por otra parte, Antonio De la Maza es uno de los héroes de este libro como lo es de la realidad dominicana ya que sin él no hubiera habido una conjura. El fue el motor, el entusiasmo contagioso que convenció a todos los conjurados de que era posible acabar con el dictador. Y he tratado a ese personaje en mi libro con la máxima consideración. Que algunos parientes de él hayan considerado que yo hice un tratamiento injusto de él pues realmente me ha apenado muchísimo.
SIMBOLO DE LAS DICTADURAS
MG: La dictadura, la tiranía ha sido no la excepción sino casi la regla en la historia de América Latina en el presente siglo, del siglo XX. Comparándola con otras experiencias dictatoriales de América Latina, la de Juan Vicente Gómez, la del Paraguay, Stroessner, ¿cómo usted ubica la dictadura de Trujillo?
MVLL: La dictadura de Trujillo no ha sido la más larga. Ha habido dictaduras más largas. Quizás no ha sido la dictadura más cruel, ha habido dictaduras de una crueldad espantosa sobre todo en el siglo XIX, pero en el siglo XX la dictadura de Trujillo fue cruel, extravagante, porque estuvo rodeada de una teatralidad, de unos excesos derivados de la personalidad del propio Trujillo. Eso ha hecho que de alguna manera ella sea como el símbolo de un fenómeno que por desgracia vivió toda América Latina sin excepción. Creo que, en mi novela, uno de los empeños míos ha sido justamente mostrar el caso de la dictadura de Trujillo en ese fenómeno, lo que significa un poder absoluto, el tremendo efecto corruptor para el conjunto de la sociedad que tiene un dictador cuando llega a acumular ese poder que hace de él un hombre intocable por encima del bien y del mal. De manera que en este sentido el Trujillismo, la era de Trujillo son manifestación de un fenómeno que vivió todo el continente para no decir el universo entero, porque en realidad la tradición más antigua de la humanidad no es la democracia, ni la libertad, ni la legalidad, sino el autoritarismo, la brutalidad, el reinado de la fuerza.
MG: El legado de una dictadura como la de Trujillo y como la de cualquier otro dictador en América Latina perdura más en la conciencia y en la vida de esa nación mucho más de lo que el tiempo que esa dictadura rigió.
MVLL: Sin lugar a dudas.
MG: ¿Piensa usted que América Latina ha desarraigado totalmente ese legado, de esa herencia dictatorial, que dice la democracia se ejerce plenamente en nuestro país?
MVLL: Ojalá fuera verdad eso. ¡Qué bueno que América Latina hubiera desarraigado enteramente de nuestro suelo esa tradición autoritaria! Por desgracia no es así, tenemos dictaduras todavía aunque hemos progresado mucho y hay muchos países, entre ellos la República Dominicana que hoy vive un sistema de legalidad, de libertad, una democracia imperfecta por supuesto todavía, pero que han dejado atrás el autoritarismo. Hay países como Cuba, no hay que olvidar, donde hace 42 años rige una dictadura y monolítica. Hay el caso de mi país, que vive una dictadura, una dictadura muy corrompida, también muy cruel con terribles crímenes contra los derechos humanos, pero mucho más hipócrita que la de Somoza, o Trujillo, o de Fidel Castro porque oculta, ¿no es verdad? su verdadera identidad con unas formas...
MG: Con una apariencia democrática.
MVLL: Con una apariencia democrática destinada a engañar a la opinión pública internacional que hoy, a diferencia de lo que ocurrió en el pasado, pues, se muestra muy hostil con la dictadura, con el régimen autoritario. Así que creo que no, no debemos de ninguna manera caer en la complacencia, creer que ahora América Latina es un continente ya democrático. No. Avanzamos en esa dirección muchos países por lo menos, pero todavía nos queda mucho por hacer.
MG: ¿Cree usted que la democracia, como sistema de vida político, es una tradición, se hace a través de la hábito, del ejercicio, de la práctica, o puede decretarse un ambiente de ejercicio con respecto a los derechos humanos?
MVLL: No, es una práctica, es una costumbre. Lo importante de la democracia es que al final esa legalidad se convierta en una manera de vivir. Que la gente se acostumbre a escuchar opiniones adversas, a coexistir en la diversidad, a respetar las instituciones, a aceptar las elecciones, y eso significa a aceptar las victorias, sino también las derrotas y sobre todo la actitud tolerante a admitir que la verdad, sobre todo en el campo político y social es muchas veces ambigua, escurridiza y que por lo tanto es fundamental que haya crítica, que haya debate para poder ir avanzando en el conocimiento de la verdad, es una costumbre que tarda mucho en imponerse. A veces se pasa, y rápidamente, de una dictadura a una democracia, pero hasta que esa democracia cala en las costumbres, en las mentalidades, y va formando espíritu realmente abierto y tolerante, desgraciadamente pasa mucho tiempo.
DEMOCRACIAS VULNERABLES
MG: Las experiencias democráticas que han estado viviendo muchos países de América Latina, la mayoría afortunadamente, ¿es un proceso irreversible o existen peligros de un retroceso, de un regreso a forma de dictaduras?
MVLL: Irreversible no los son nunca, Miguel. Ni siquiera las democracias más sólidas, con una tradición más robustas, son irreversibles. Hemos visto tantos casos en la historia reciente. Creo que el caso de nuestras democracias que son jóvenes, que son primerizas, que están dando los primeros pasos, pues, hacen que sean tremendamente vulnerables y eso debería exigir de nosotros una participación muy activa en la defensa del bien más precioso que puede tener una sociedad que es la libertad. Que es una legalidad que defienda, sobre todo al débil, al pobre al que no tiene influencia, al que no tiene poder económico contra los atropellos, contra los abusos. Ese es el bien más precioso de una sociedad y se descubre precisamente cuando se pierde y cuando es la arbitrariedad, la fuerza la que determina el destino de las personas.
MG: ¿Ve usted alguna posibilidad de cambio democrático en su natal Perú en este proceso electoral?
MVLL: Bueno, mire, hay una esperanza. Por primera vez 1992, cuando el presidente (Alberto) Fujimori, con la ayuda de Bladimiro Montesino, nuestro Johnny Abbes García, dio el golpe de Estado, por primera vez se ha abierto una esperanza con esa formidable movilización del pueblo peruano que hoy en día repudia la dictadura a favor del candidato de oposición Toledo. Allí el pueblo, en las calles, realmente impidió que les robaran la decisión electoral que la dictadura como había fraguado, de ganar en la primera vuelta por una mayoría aplastante. De tal manera que hay una esperanza; es muy difícil porque el fraude está montado, el Gobierno tiene el control absoluto de todo el proceso electoral. Hay un juzgado electoral que es ad-hoc para el régimen. Los jueces independientes han sido expulsados y desplazados por jueces instrumentales. El ejército, que ha sido purgado de todos los oficiales profesionales, democráticos por Montesinos, es hoy día un ejército, hoy día, totalmente al servicio de la dictadura. De manera, que eso hace que las condiciones sean muy, muy difíciles, pero como hay una presión internacional y sobre todo como hay, creo yo hay por primera vez, hay una mayoría de peruanos hartos del sistema éste autoritario, de la corrupción, de los abusos y que quiere que en Perú, como ha ocurrido en el resto de América Latina se democratice, pues, creo que hay una esperanza, sí.
MG: Después del proceso electoral de 1990, ¿no?, usted se radicó en España.
MVLL: Bueno, en Europa.
MG: Como hicieron en el pasado muchos historiadores, que Guillermo Cabrera Infante se estableció en Londres, Alejo Carpentier eligió París, es que existe mejor ambiente para la creación literaria en Europa que en América Latina.
MVLL: Bueno, mire, cuando hay razones políticas, pues, no es la literatura la que determina esas emigraciones de escritores, sino la política. En otro caso Europa tiene un clima en el campo cultural, en el campo literario que resulta más estimulante, y eso atrae a muchos escritores latinoamericanos a vivir, por lo menos temporadas, en Europa. Ese fue mi caso. Cuando yo era joven yo siempre soñé con llegar a París, me parecía que era un experiencia indispensable para llegar a ser escritor, vivir en París. En realidad fue interesante porque yo descubrí en París, qué era un latinoamericano. Entonces yo no tenía una idea de América Latina, tenía una idea del Perú y de los países de donde eran los escritores que yo leía sobre todo, que eran Francia, Estados Unidos, Inglaterra, y en Francia descubrí a América Latina como una realidad cultural; conocí a escritores latinoamericanos.
MG: Eso es muy nostálgico.
MVLL: Eso fue una cosa muy interesante. Creo que a muchos latinoamericanos les ocurrió eso. empezaron a sentirse escritores de esa patria grande, de esa patria común... desconocían o conocían muy mal. Así que yo quiero mucho a Europa, me siento en mi casa también en Europa, pero quizás lo que más le debo yo a la experiencia europea es haber descubierto a América Latina, es haber descubierto que yo, antes que escritor peruano, soy un escritor latinoamericano.
MG: ¿Volvería a Perú en caso de un cambio democrático?
MVLL: Sin ninguna duda. Si yo pudiera realmente expresarme con libertad en mi país, si yo tuviera tribuna en las que yo pudiera opinar con la libertad conque lo hago en España o en Inglaterra, desde luego que volvería. Allí tengo mi familia, tengo muchos amigos, tengo mis libros, que es lo que yo más extraño, tengo mi biblioteca que me inspira una tremenda nostalgia. Pero la verdad yo he llegado a una edad que ya no soporto vivir en la dictadura, en la mentira, en la prepotencia, en la manipulación de la opinión pública a través de unos medios de comunicación que obedecen a las órdenes ni siquiera del presidente de la República, sino del verdadero poder que hay en ese país que es el capitán Bladimiro Montesinos, alguien que nunca nadie ha elegido, que muy pocos peruanos han visto y que desde un sótano en el pentagonito, en el cuartel general del Ejército, decide la vida, la muerte, la fortuna o la pobreza de los peruanos. Simplemente, yo eso ya no lo puedo soportar.
MG: Parece un personaje de una novela suya, ¿no?
MVLL: Bueno, ya, usted sabe que ha sido muy divertido. Cuando salió La Fiesta del Chivo, en el Perú, prácticamente la unanimidad de los críticos que pudieron publicar críticas al respecto, pues han dicho: ‘‘Pero hiciste una descripción del Gobierno de Fujimori’’, y el caso más flagrante les parece justamente el de Abbes García. Dicen: ‘Haz inventado un personaje que es una hechura de Bladimiro Montesinos. Ellos no saben que Abbes García realmente existió. Lo que pasa es que los regímenes dictatoriales producen, quizás podríamos decir suturan ese tipo de personaje como Abbes García, como Bladimiro Montesinos. Creo que si uno escarba las dictaduras siempre encuentra allí en las sombras, ejercitando el terror, un Blademiro Montesinos o un Abbes García.
UN TRABAJO ARDUO
MG: Don Mario, la semana pasada el periódico El Caribe publicó un artículo de Plinio Mendoza en el que celebraba la publicación de su libro, de su última novela y refería que había recibido una llamada telefónica de escritores conocidos celebrando esa publicación, diciendo que por fin habían leído la más grande obra, la obra tan esperada, la obra cumbre de don Mario Vargas Llosa. ¿Considera usted que ésta es su mejor novela, su mejor escrito?
MVLL: Bueno, me gustaría que ésto fuera cierto. La verdad que un autor, pues, no tiene la suficiente objetividad, independencia para dar ese tipo de valoraciones. Pero lo que sí le puedo decir es que probablemente la novela que más trabajo me ha costado, en la que he invertido, no solo más empeño, sino también más ilusiones. Es un libro que a mí me fascinó... el tema del libro desde que decidí escribirlo, desde el año 1975. Así que ambición, desde luego he puesto en él, mucho trabajo en muchas situaciones. ¿Que si es mi mejor libro? Yo estaría encantado que así fuera.
MG: Dicen que cuando usted decide escribir una novela, un libro usted suda, se vuelve obsesivo, que el tema lo asalta, no lo deja vivir hasta que por fin dice: ¡ya lo tengo! y reconoce que su vida se tranquiliza. ¿Pasa por ese proceso siempre?
MVLL: Siempre, es un proceso que desde mi primer libro ha sido el mismo. !Ah! En primer lugar, nunca sé por qué un tema se me impone, llega a apoderarse de mí de una manera impremeditada. Es algo que queda en la memoria, algunas imágenes que van convirtiéndose en la fuente de un fantaseo, de una especie de desasosiego de la imaginación. Algo muy poco premeditado hasta que, de pronto, ya me doy cuenta que ya llevo en la cabeza como el embrión de una historia y que, de cierta forma, ya empecé a trabajar en ella sin haberlo decidido de una manera muy claramente consiente. Entonces tomo una decisión, empiezo a trabajar de una manera muy sistemática, haciendo una investigación pero sobre todo para familiarizarme con un ambiente, con unos personajes, con una época y luego comienza ese proceso, Flaubert lo llamaba una inmersión en la vida que uno quiere inventar y me parece una fórmula muy adecuada, ir conociendo poco a poco el ambiente, el paisaje tanto geográfico como social, como individual aquello que uno quiere inventar. En esa investigación siempre van surgiendo unos motivos, unos estímulos que enriquecen extraordinariamente la fantasía, la imaginación, y desde luego ese ha sido el caso de La Fiesta del Chivo.
MG: Contrario a lo que sucede con muchos otros escritores famosos, incluso, a usted no parecen repetírsele los personajes, ¿no? Hay una variedad de temas, y de caracteres a su obra que es verdaderamente asombroso. Le cuesta mucho después de un libro y después de una inversión y la entrega absoluta conque le absorbe a usted la escritura de un libro y en la investigación de un libro, le cuesta mucho trabajo posteriormente deshacerse de esos personajes para entrar en otra historia.
MVLL: Bueno, procuro yo pasar inmediatamente a trabajar en otra historia porque, a la verdad, no me gusta nada esa sensación de vacío, como de soledad en que quedo cuando termino un libro en el que he trabajado mucho tiempo. Esta novela, pues, a mí me ha tomado más de tres años y en esos tres años he convivido con unos personajes, con un ambiente, con un medio, hasta con una manera de hablar el español, y de pronto todo eso se termina y eso me produce una sensación que es como de orfandad, y yo la combato poniéndome a trabajar inmediatamente en el siguiente proyecto. Al principio me cuesta mucho esfuerzo, siento una enorme distancia, pero eso es lo que hago porque, para mí, ese es el mejor antídoto contra esa sensación de soledad que es muy triste como de desamparo, !Ah! El haberse quedado de pronto sin el boom en el que uno ha estado viviendo tanto tiempo.
MG: Usted ha dicho y ha reiterado que el primer contacto con esta obra, por así decirlo, pues, data del 1975 durante una visita, entre el año 1975 y el año 2000 cuando sale esta obra, usted publicó un sinnúmero de obras. ¿Cómo pudo sobrevivir esta ansiedad durante tanto tiempo y sobreponerse a tantas otras obras?
MVLL: Estuvo siempre allí, procuré leer todo lo que caía en mis manos y busqué siempre materiales y tomé muchas notas, llené cuadernos con apuntes mientras escribía, pues, bueno, las novelas que he escrito en esos 25 años, de tal manera que el proyecto nunca desapareció. En realidad cuando yo comienzo a escribir un libro, estaba muchísimo tiempo trabajando en él. Ahora, por ejemplo, estoy escribiendo una novela basada en Flora Cristani, personaje muy interesante del siglo XIX, y ese proyecto tiene, pues, no se cuánto, pero varias décadas, desde que leí por primera vez Peregrinaciones de una Paya, lo que escribió Flora Cristiani en su viaje a América Latina, al Perú, que a mí me suscitó una gran curiosidad sobre el personaje. En realidad, cuando yo comienzo a escribir una novela, ya consciente o inconscientemente, llevo muchísimo tiempo dándole vuelta, trabajando en ella de una manera no muy consciente, pero el material ha estado ahí como fermentando poco a poco en la conciencia.
¿RAZON DE ESTADO?
MG: Regularmente los apologistas de regímenes como el de Trujillo tratan de justificarlos sobre la base del legado material a su país, diciendo que muchas veces la supresión de la libertad está justificada en una razón de Estado. ¿Usted cree que eso es posible?, ¿usted es partidario?
MVLL: No yo creo que eso es falso. Esa es la justificación de todas las dictaduras sin excepción. Dicen que la pérdida de la libertad garantiza la eficacia. Eso es mentira, y la mejor demostración de que eso es una falsedad total es la siguiente: ¿Cuáles son los países más prósperos del mundo? ¿Cuáles son los países que han llevado a sus pueblos a los niveles más altos de vida? ¿Cuáles son los que han desarrollado más?, ¿los que tienen hoy día un dominio de la tecnología, de la ciencia?, ¿los que pasaron por largas dictaduras? ¿los que tienen las más antiguas tradiciones democráticas de la humanidad? Estados Unidos, Francia, Inglaterra, ¿no son los países que están a la cabeza del desarrollo? Suecia, Suiza, ¿esos países necesitaron dictadores para construir buenas carreteras, para dar trabajo y niveles de vida decente para todo el mundo? No es verdad. La dictadura a la larga, aunque algunos hechos positivos tengan su haber, siempre causan mucho más perjuicio y daño que beneficio a una sociedad. En realidad, el progreso no hay que medirlo sólo en edificios y carreteras; hay que medirlo en respeto a los derechos humanos, en defensa contra la arbitrariedad, en crear oportunidades para que todos, no sólo los ricos, sino también los pobres, no sólo los influyentes, sino también los inválidos puedan acceder a las buenas cosas de este mundo y demostrar mediante su trabajo, mediante su talento que pueden escalar posiciones y ganar un reconocimiento en la sociedad. Eso solamente la democracia lo caracteriza; jamás lo ha garantizado ninguna dictadura.
BALAGUER EN LA HISTORIA
MG: Usted ha dicho que el verdadero protagonista de su novela La Fiesta del Chivo no es Trujillo, sino el doctor Joaquín Balaguer. ¿Le fascina ese personaje?
MVLL: Bueno, lo han dicho algunos críticos. Bueno el personaje desde luego es fascinante. Es un personaje que muy joven comienza su carrera política junto a Trujillo, en la campaña, en la primera campaña electoral de Trujillo; que a lo largo de toda la era de Trujillo está muy cerca sirviendo a Trujillo, prácticamente en todos los cargos menos importantes o más importantes del régimen; que consigue convencer a Trujillo, que es un hombre que carece de ambiciones, que nunca le hará sombra. Esa es la idea que tiene Trujillo de Balaguer, y que luego cuando muere Trujillo esas circunstancias de confusión tremenda que vive el país se agiganta, se apodera en cierta forma de la situación y hace luego una extraordinaria carrera política durante el post-trujillismo, durante la democracia, apareciendo en un momento dado a los ojos de la opinión internacional y de buena parte de la sociedad dominicana como el hombre que va a llevar al país a la democratización. No me diga usted que no es un caso realmente extraordinario. Más extraordinario si uno piensa que hoy con los 90 años y pico que tiene, a pesar de su invalidez, está ahí de candidato y no se descarta que una circunstancia un poco excepcional pueda llevarlo por séptima, octava o novena vez a la Presidencia de la República. Dígame sino parece un personaje de ciencia ficción, salido de la fantasía más desalada de García Márquez o de Cortazar, o del realismo mágico fermentado de la literatura latinoamericana.
MG: ¿Puede un hombre con ese historial reivindicarse políticamente y pasar a ser un verdadero constructor de la democracia?
MVLL: Bueno, constructor de la..., creo que el balance de lo positivo que desde luego hay en la carrera del doctor Balaguer y de lo negativo, pues lo harán los historiadores dominicanos cuando tengan esa mínima perspectiva. Su caso, para mí, es un caso enigmático, pues, dentro del Trujillismo, él no era el hombre de las pistolas... muchísimo menos, era un hombre que tuvo una vida más bien sobria, que no estuvo mezclado ni a escándalos, ni a tráfico de influencias, ni a robos, dotado de indiscutibles virtudes, y al mismo tiempo es un hombre que fue, objetivamente, solidario y cómplice de las cosas terribles que se cometieron en el régimen. La transición, tal como ocurrió, de alguna manera él la encarna, la propicia, la domina. Ese balance está, en cierta forma, por hacer. De tal manera creo que, hay que suspender por el momento el juicio político sobre lo que fue su desempeño en aquellas circunstancias específicas. Creo que hay un aspecto muy negativo desde luego, en lo que es el historial del doctor Balaguer, mucha complicidades con hechos absolutamente injustificables e indefendibles que pudieran ser perfectamente evitados, pero también indiscutiblemente en ciertas circunstancias, una colaboración positiva hacia el avance y el progreso que hizo muy bien la República Dominicana, una indiscutible realidad.
MG: ¿Sabe usted de otro personaje similar en la historia latinoamericana?
MVLL: Yo no conozco ninguno. Absolutamente ninguno. Quizás dentro de los caudillos civiles Velazco Ibarra en Ecuador. Velazco Ibarra es también otro personaje que tampoco usó jamás una pistola.
MG: Pero necesitaba un balcón.
MVLL: Exactamente, necesitaba un balcón y además, la palabra, como en el caso de Balaguer fue fundamental, esa fue su arma, esa fue su pistola, esa fue la manera de imponerse, de conseguir una aquiescencia, y que sobrevivió a todo. También Velazco Ibarra sobrevivió a todo pero, mira, a los militares que jamás le permitieron terminar un período electoral, a pesar de que el pueblo ecuatoriano lo eligió, no sé si cuatro a cinco veces. Probablemente sea el que se le parezca más. Desde luego que fue menos exitoso que el doctor Balaguer porque no consiguió estar ocho o nueve veces en la Presidencia de la República de su país.
MG: Don Mario, uno de los capítulos más interesante de su libro La Fiesta del Chivo es el que tiene que ver con los momentos siguientes al asesinato de Trujillo, cuando llevan el cadáver al Palacio Nacional y la familia se reune para llorar, para lamentarse y todo, que comienza la gran actuación del doctor Balaguer. Ese tipo de conversación tan íntima, ¿cómo obtuvo usted esa información?
MVLL: Bueno, las conversaciones me las inventaba lógicamente. Esas conversaciones nadie las registró, ni nadie pudo recordarlas con ese tipo de precisión. Pero yo creo que en esas conversaciones yo no he ido más allá de lo verosímil, de lo que pudo realmente ocurrir. Allí que es lo evidente, lo evidente es que en esa confusión en que se encuentra el Trujillismo, al morir el nudo, el aglutinante, el eje del régimen, quien se agiganta es Balaguer. Es el único que sabe realmente lo que quiere, que no pierde la serenidad y que, por esa actitud, va poco a poco seduciendo, conquistando a quienes estaban como extraviados que habían perdido el rumbo y se va convirtiendo en el hombre de la situación. Por otra parte, si está demostrado que Balaguer juega habilísimamente a unos contra otros, ¿no es verdad? Se pone de lado de Doña María, pide que se espere a Ramfis antes de tomar ninguna decisión, con lo que neutraliza a los hermanos de Trujillo, a Abbes García que querrían cortarle la cabeza rápidamente para tomar ellos el poder. De tal manera que, ajustándose a los hechos básicos, creo que esos diálogos que yo he inventado que son, digamos del derecho de un novelista de inventarlo, de ninguna manera desnaturalizan la realidad de los hechos ocurridos.
MG: En su novela aparece Pedro Livio Cedeño como confesando o admitiendo o revelando en el hospital, mientras era sometido a tortura y a examen médico, y a curación por las heridas sufridas en el atentado, como dando detalles de datos que llevaron a los servicios de seguridad a desenmascarar toda la trama que se había tendido alrededor del régimen. Sin embargo, algunas gentes dicen que realmente él no habló esa noche.
MVLL: Bueno, parece demostrado, por los testimonios, que sí habló. Ahora, no es que habló, no es que Pedro Livio, al ver a Abbes García, se puso a delatar a sus compañeros, muchísimo menos. Desde luego que eso no ocurrió así, lo que yo creo que pudo ocurrir muy aproximadamente es lo que yo cuento. Pedro Livio fue torturado de una manera absolutamente atroz, execrable, por Abbes García allí en la propia Clínica Internacional; fue también drogado. Ese hombre habla desde un estado de semi-inconsciencia y bajo del efecto, no sólo de la terrible presión psicológica, sino de las torturas y en eso no hay ni la menor debilidad, ni la menor traición, hay una manifestación de humanidad. Ese es un capítulo que yo he hecho con muchísimo cuidado. No entiendo que alguien pueda ofenderse. La actuación de Pedro Livio en ese momento es la única posible y esperable. Un hombre que estaba viviendo en la circunstancia que él estaba viviendo. Yo he hecho una investigación realmente extrema y la documentación a ese respecto es concluyente. Allí Abbes García y el régimen averiguan quiénes son los jefes de la conspiración y desata esa cacería. Desde luego, esos datos los complementan con los datos que le da a Abbes García el chofer de Trujillo, pero, bueno nada de eso es inventado, nada de estos diálogos. Sí, desde luego, pero la situación yo creo que es una situación que está documentada diría hasta la saciedad.
MG: El que lee su libro parece estar leyendo también, además de una magnífica novela, un guión cinematográfico. ¿Fue premeditado?
MVLL: No, en lo absoluto, no. Mis experiencias cinematográficas con las adaptaciones de mis novelas ha sido más bien frustrante. En eso no sólo hago crítica, sino autocrítica, porque yo participé justamente aquí en la República Dominicana en una adaptación, y el resultado fue más bien catastrófico. No, no, no pensé para nada en un guión cinematográfico cuando escribí esta novela.
MG: Hay otros planes, además de los que usted habló de escribir otra novela, ¿Cómo comparte usted su tiempo? ¿Cómo armoniza el tiempo entre la investigación para un libro o una novela y su labor periodística, porque escribe constantemente para periódicos y revistas?
MVLL: Yo escribo para los periódicos los domingos, solamente los domingos, yo de lunes a sábado trabajo en mis libros, en mis novelas, leo, apunto, corrijo y los domingos sí, los domingos yo los dedico a los artículos. El periodismo ha sido, para mí, un complemento fundamental en mi vida de escritor. Sin el periodismo creo que tres cuartas partes de los libros que he escrito, no los hubiera podido escribir. El periodismo, para mí, ha sido una fuente maravillosa de temas, y por otra parte, a mí no me gusta la idea de los escritores encerrados en un cuarto de corcho. Me gusta tener por lo menos un pie en la calle, en la actualidad, en lo que ocurre, en mi tiempo, en mi alrededor, y participar de esa vida, participar en el debate sobre los grandes temas políticos, cívicos, culturales. Y eso es el periodismo, una manera de estar involucrado en esa vida de la cual se nutre mi literatura. Mi literatura no se nutre de la fantasía, sino de la experiencia cotidiana, de lo que ocurre más allá de mi escritorio y eso es lo que representa para mí el periodismo.
MG: Los cientos de personas que asistieron a la puesta en circulación de su libro en el hotel Jaragua quedaron sorprendidos con su afirmación de que a usted le cuesta trabajo escribir un libro, cuando su prosa es tan ágil que parece agua cayendo de un manantial.
MVLL: Detrás de esa apariencia, en realidad, lo que hay es un trabajo de romanos; me cuesta mucho escribir. Me gusta, es lo que más me gusta. Gozo inmensamente escribiendo, pero al mismo tiempo también la paso muy mal porque me cuesta un inmenso esfuerzo. Yo no tengo la facilidad de escritores como Cortázar, por ejemplo. A usted le contaba yo cómo me maravilló cuando supe que Julio Cortázar había escrito Rayuela, que es un libro tan complicado, tan elaborado, sentándose cada día en la máquina de escribir sin saber lo que iba a escribir, y escribir la novela de corrido. Que no corrigió, que envió a la imprenta una vez que estuvo terminado el borrador. Bueno, para mí eso es absolutamente imposible, ni siquiera el más pequeño de mis artículos resulta así como una traspiración, como una respiración natural, en lo absoluto. Yo tengo que corregir, que rehacer, que luchar contra los ripios, contra los adjetivos inadecuados; me cuesta un trabajo inmenso.
MG: Si la labor de redacción le resulta tan costosa, ¿cuál es la fase que más disfruta de un libro?
MVLL: Cuando corrijo, cuando ya tengo una versión que más o menos es legible y lo que tengo que hacer es editar, suprimir, añadir, recomponer el texto. Ese trabajo que llamaríamos de edición en vocabulario cinematográfico, es para mí lo más apasionante. Cuando he llegado a ese estado, digamos, sé que la novela está allí, que depende simplemente de pulir aquello que sobra, o aquello que falta. Entonces puedo trabajar cualquier número de horas, con gran entusiasmo y con mucha convicción. En cambio la primera versión para mí es terrible porque es una lucha contra mi seguridad, contra la sensación de que eso jamás va a prender, se va a levantar. Esa es la etapa realmente más difícil, más trabajosa, pero bueno, la experiencia me ha demostrado que sí, que si me enterco y sigo con mucha perseverancia, en un momento dado esa literatura que parece muerta va a empezar a cobrar alguna vida.
MG: ¿Conserva por rutina esas primeras versiones?
MVLL: Sí, conservo todo, conservo las fichas, conservo los cuadernos, las notas. Sí, sí, yo soy un guardador de papeles viejos. Así que sí los conservo.
MG: ¿No le ha causado angustia el hecho de que un tema sobre una novela de Trujillo, ya perdido en el pasado y que era un tema ya olvidado en la literatura, que hubiera resultado un fracaso. no atraer la atención del público?
MVLL: Bueno, siempre me pasa con todo lo que escribo, a la sensación de que eso pueda ser un fracaso, que tanta angustia, preocupación y también dedicación y empeño, pues, resulten en nada en una frustración. Yo creo que no hay escritor, ni siquiera el más vanidoso que se libra de ese temor sobre lo que ocurrirá cuando por fin ese libro sea ya letra impresa y llegue a un público.
MG: De todos los escritores que usted ha leído, ¿cuál es el que realmente más ha influido en la literatura suya?
MVLL: Bueno, no sé si hay uno, creo que hay muchos, creo que Flaubert, por ejemplo, ha sido muy importante para mí, lo ha sido (William) Faulkner entre los escritores más modernos. muchos escritores latinoamericanos. Desde luego, también algunos clásicos, en general si tuviera que elegir una época, elegiría el siglo XIX, los grandes novelistas del siglo XIX. Mi máxima ambición sería, para mí, tiempo lo que fueron para el suyo un Tolstoi, un Balzac, un Dickens, un Melville, realmente ese sería mi sueño, que mi obra y época representara lo que la obra de esos grandes gigantes en el suyo.
PREMIO NOBEL
MG: Usted ha recibido todos los premios que un escritor de habla hispana puede recibir, sólo le queda el Nobel. ¿Lo aspira realmente?
MVLL: Bueno, yo creo que ese premio pues no está mal, ¿no es verdad? No hay que hacer reñido si uno recibe semejante premio, pero creo (que) un escritor debe tratar de evitar pensar demasiado en el premio Nobel, y te voy a decir por qué: Porque ese premio tiene también un efecto corruptor en los candidatos a él. Si un escritor comienza a comportarse como candidato al premio Nobel, su prosa se estropea, porque no hay excepciones a esa regla.
rivalidad
MG: En una oportunidad se publicó mucho en América Latina que las relaciones personales entre Vargas Llosa y Gabriel García Márquez no eran las mejores. ¿Realmente correspondía a la verdad eso y esa rivalidad se superó en alguna oportunidad?
MVLL: Rivalidad no ha habido nunca. Desde que leí la primera obra de García Márquez en francés, no en español, yo trabajaba para una radio, para Radio y Televisión Francesa, y me dieron un día a comentar un libro que había publicado una editorial en Francia, el de El Coronel No Tiene Quien Le Escriba en francés y ahí descubrí a García Márquez, y desde entonces he sido un gran admirador de la literatura de García Márquez, sobre quien además he escrito un libro que se llama Historia de un Homicidio. Las discrepancias que tengo con García Márquez son políticas, sí, tenemos posiciones muy políticas, sobre todo en el caso de Cuba, porque yo soy un crítico de la dictadura cubana y él es un entusiasta defensor de Fidel Castro y en lo demás referente a lo personal, él y yo tenemos un pacto: No vamos a hablar de ese asunto para darle trabajo a nuestros biógrafos si es que lo merecemos.
MG: ¿Se ven con mucha frecuencia?
MVLL: No, no lo veo desde hace muchos años.
MG: ¿Las diferencias surgieron con el caso de Alberto Padilla?
MVLL: Bueno, sobre ese tema, tuvimos discrepancias, pero mire yo no..., hago un esfuerzo siempre para no convertir en enemistades personales las diferencias políticas. Creo que lo civilizado y la demostración de un espíritu democrático es justamente ese diferenciar lo personal de lo político. Yo tengo muchos amigos que piensan en términos muy diferentes a los míos políticamente, así creo que es un acto de gran incivilidad e intolerancia convertir lo que es un diferendo político.
MG: ¿Cree usted que la literatura dominicana es demasiado insular y por eso no ha trascendido?
MVLL: Bueno, hay literatura insular en la República Dominicana, pero hay también una literatura que ha trascendido esa frontera, pues, en la literatura dominicana hay una persona como Pedro Henríquez Ureña que es maestro de maestros. Yo creo que no hay escritor latinoamericano que no tendría la obligación de leer a un escritor tan universal, a un pensador tan rico, a un humanista de esa extraordinaria dimensión y horizonte intelectual como Don Pedro Henríquez Ureña, y Don Pedro Henríquez es un dominicano que llegó gracias a su talento y a su empeño convertirse en un verdadero gigante del pensamiento y de las letras hispánicas, para citar uno solo.
MG: ¿Qué vocaciones además de escribir?
MVLL: Pues muchas cosas. A mí me gusta mucho la vida, verlo todo, averiguarlo todo, quizás por eso llegué a ser escritor. Una ventaja que tiene un novelista es que a través de su novela, a través de su fantasía puede hacerlo todo, vivir todas las experiencias, las mejores y también las peores. Estar aquí y estar en mil lugares, vivir todos los amores, todas las aventuras, esa una de las grandes cosas de la literatura. Creo que la tragedia de los seres humanos es que nosotros seguimos un destino, pero estamos dotados de una fantasía, de unos apetitos que nos hacen desear tener mil vidas, tener mil aventuras, tener mil amores y una realidad que solo nos permite tener una. Creo que la literatura una de las cosas maravillosa que tiene es que ella, a través de la ficción, nos hace salir de ese destino tan recortado que tenemos y nos lo enriquece, nos arranca desde nuestro pequeño confinamiento a nuestra historia individual. Así que seguramente, ese apetito por vivir muchas vidas es lo que hizo de mí un escritor.
MG: Pero el gozo de la ficción es efímero, no así el gozo de la realidad.
MVLL: Eso es verdad, esa es la frustración que nos deja la literatura cuando vivimos una experiencia maravillosa como por ejemplo la de Luz de Agosto de Faulkner, o la Guerra y la Paz de Tolstoi. Vivimos con una intensidad y una riqueza que luego cuando cerramos el libro y miramos hacia nuestro alrededor y descubrimos qué pequeñita y qué pobre es la realidad, comparada con la realidad que sueñan los grandes escritores, pues sí, nos deja un cierto vacío y eso nos empuja otra vez a sumergirnos en la ficción y el sueño.
MG: Lo peor de la ficción es despertar a esta realidad que el tiempo se nos agotó y tenemos que suspender esta conversación, Don Mario, muy agradecido...
MVLL: Muchas gracias.

LOS LIBROS DE TEXTO NO PROFUNDIZAN SOBRE LO QUE SIGNIFICO LA DICTADURA



A casi 40 años del ajusticiamiento de Trujillo, los libros de textos escolares no han profundizado en el hecho de modo que las generaciones jóvenes conozcan en detalle el significado de la gesta y la etapa negativa que en la historia dominicana representaron aquellos 31 años de dictadura. El ex Presidente Joaquín Balaguer, según deudos de los héroes de mayo, ha incidido para que se produzca esta ausencia.
En tan largo tiempo transcurrido, por otro lado, se repiten inexactitudes y erróneas aseveraciones en torno al hecho, y el reconocimiento por su participación en la liquidación del tirano sigue reservado a unos cuantos sin tomar en consideración la actuación de hombres y mujeres que igualmente arriesgaron sus vidas en la acción conmemorada ayer.

Los hijos de los héroes no recibieron nunca atención de parte de ningún gobierno posterior a aquel régimen, las pérdidas económicas debidas a los saqueos de que fueron objeto tras la caída del "jefe" no han sido resarcidas, aunque las viudas estuvieron recibiendo, hasta hace poco, una insignificante pensión de dos mil quinientos pesos que la presente administración aumentó a diez mil.

Pese a la trascendencia que para la transición democrática constituyó la liquidación del sátrapa, ni siquiera el actual Presidente tomó en cuenta la magnitud del hecho, omitiéndolo en su pasado discurso del 27 de febrero al destacar los más importantes acontecimientos nacionales del siglo recién pasado. La doctora Adanela Cedeño Pimentel, hija de Pedro Livio Cedeño, héroe de mayo, envió una carta al doctor Leonel Fernández, señalándole el olvido.

"Me ha sido imposible quedarme callada, pues el valor y el patriotismo con que mi padre y sus compañeros participaron en esta gesta, fue para que sus familiares y todos los dominicanos viviéramos en un verdadero Estado de Derecho", le comunicó entre otras cosas. No recibió respuesta a la misiva y desconoce si el mandatario la recibió.

Se recomendó, en otro orden, que en vista de que el 30 de mayo es el Día de la Libertad, las elecciones generales se celebren en esa fecha, en vez del 16, como es costumbre.

Las consideraciones y los recuentos sobre la efemérides fueron externados por Olga Despradel viuda Cedeño, María Leonor González viuda Tejeda (Lindín), ex esposas de Pedro Livio Cedeño y de Huáscar Tejeda; Marianela Díaz de García Vásquez, hija de Juan Tomás Díaz y casada con Bienvenido García Vásquez, quien tendría a su cargo la lectura de la Proclama anunciando la eliminación del "Generalísimo" y sobre quien recayó la histórica responsabilidad de trasladar a Cedeño al hospital, herido durante la refriega escenificada en la avenida donde fue muerto Trujillo.

También estuvieron presentes Lourdes de la Maza, Adanela Cedeño Pimentel y Luis Mariano Cedeño Despradel, hijos de Antonio de la Maza y Pedro Livio Cedeño, respectivamente, y Magaly Castillo, sobrina de este último.

El objetivo de la convocatoria, empero, no tuvo como razón principal estos reclamos, surgidos en el contexto de las particulares narraciones. Esposas, hijos y sobrinos realizaron el encuentro para pedir a los dominicanos "no olvidar el propósito que animó a los héroes de mayo: hacer de la República una Patria justa, libre, en la que prevalezca el amor por la democracia".

Lamentaron que la fecha ha sido casi olvidada y "somos nosotros, los familiares, los que prácticamente nos hemos ocupado de no dejarla perecer".

Ausencia en las Escuelas

A juicio del grupo, las prolongadas permanencias en el poder del doctor Joaquín Balaguer, han sido causa principal para que en los libros de historia no se dé el tratamiento que merece la acción del 30 de mayo.

"Esa es una parte que, inclusive, han querido sacar de los textos, apenas se menciona sin darle el valor que le corresponde. No podemos olvidar que una de las personas que ha regido e incidido principalmente en la educación ha sido el doctor Joaquín Balaguer, quien fue una figura destacada de la Era de Trujillo. A él no le interesa que este hecho se conozca", manifestaron.

Afirmaron que el ex Presidente "fue quien permitió que mataran a los conjurados, consciente de que si Modesto Díaz seguía vivo, él no tendría oportunidad de llegar a la presidencia. Balaguer no hubiera sido nada en este país".

"Balaguer era quien manejaba la educación, que se quedó rezagada porque él así lo dispuso. Nunca se preocupó porque a este acontecimiento se le diera un adecuado tratamiento de manera que fuera creando en la consciencia de los estudiantes un sentimiento libertario", expresan.

Pedro Livio no fue Delator

Tras mostrar cartas enviadas también a Mario Vargas Llosa, enmendándole "falsedades" que consigna en La fiesta del chivo, pasaron a aclarar, por otro lado, que la noticia del ajusticiamiento no se supo por boca de Pedro Livio Cedeño, como han escrito éste y otros autores.

"No es verdad que fue Pedro Livio quien delató el complot", señalaron, contando que, a nivel internacional, donde primero llegó la noticia fue a París, en una cena en la que participarían Ramfis Trujillo y el ex Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy.

"Aquí se supo porque el chofer de Trujillo, Zacarías de la Cruz, quedó vivo y llegó en menos de veinte minutos al hospital Marión, informando que acababan de matar a Trujillo en la Avenida", explicaron. También se enteró el general Arturo Espaillat (Navajita) quien se encontraba en las cercanías del lugar donde ocurrió la acción, dijeron, y por pertenencias de dos conjurados, abandonadas en la autopista debido al nerviosismo imperante, añadieron. "Cuando a mi papá lo llevaron a la clínica, ya todo eso se sabía" aclararon los hijos de Pedro Livio.

Revelaciones del Traslado

Marianela Díaz de García Vázquez, presente en la casa de su padre la noche del 30 de mayo, refirió algunos episodios que observó en la vivienda, previos y posteriores al ajusticiamiento, y respecto a la decisión de trasladar a Pedro Livio Cedeño a recibir asistencia médica, contó que al llegar su esposo, quien había salido de la casa junto a Juan Tomás Díaz en búsqueda del entonces secretario de las Fuerzas Armadas, José René Román Fernández, (Pupo) quien debía hacerse cargo provisionalmente del poder, le ordenaron a su consorte buscar un médico para el herido.

-¿Pero ustedes no tenían un médico?- preguntó Díaz Vázquez, a lo que ordenó Antonio Imbert: -¡Busque un médico!-, según su narración. "Y cuenta mi esposo que salió desorientado, sin saber a quien recurrir, y se le ocurrió acudir al doctor Marcelino Vélez Santana, porque habíamos estado con él en esos días, aparte de que su hermano, Carlos, era como un hermano de mi papá". El reconocido galeno "tuvo la valentía de montarse en su carro y se fue con Bienvenido a ver a los heridos", cuenta la dama.

Agrega que "cuando él llegó y vio a Pedro Livio dijo que no se podía hacer nada ahí, que había que intervenirlo y Antonio Imbert le dijo: -mira, coge a Pedro Livio y ponlo cerca de una clínica-, y Bienvenido dijo: no, yo lo voy a llevar a una clínica". Entonces, Imbert Barrera, según el relato de doña Marianela replicó:

-¿Y tú no sabes cuál era el compromiso que nosotros teníamos?-

-Que ustedes tenían, pero yo no-, contestó el aludido. El acuerdo era eliminar al conjurado que resultara herido. García Vázquez estaba consciente de que el hecho se iba a saber de todas maneras, ha referido después, pues el automóvil de Salvador Estrella y la pistola de Antonio de la Maza habían quedado en la carretera, por lo que manifestó: "Yo no voy a dejar a Pedro Livio pudiendo salvarlo". Cuando él llegó a la clínica "lo recibieron Irvign Franco y José Joaquín Puello, que eran practicantes, él les explicó que no sabía como sucedió, solicitándoles no avisar a la Policía. Entonces mandaron a buscar a don Arturo Damirón Ricart , dueño del centro de salud, quien aseguró conocer a Bienvenido, dijo que era un hombre serio y que alguna razón tendría pare decir eso", concluye doña Marianela. Junto a Vélez Santana y García Vázquez estuvo "Mirito", chofer de Juan Tomás Díaz, quien salvó su vida porque se fue a su campo, donde lo protegieron, agregó.

Imperdonables Exclusiones

Tras el recuento de doña Marianela, los demás presentes lamentaron que nunca se haya reconocido la participación de su esposo en la conjura. En la casa del matrimonio, se dijo, también se conspiraba. El sería el encargado de anunciar la desaparición del "Benefactor".

Aunque la señora Díaz de García Vázquez expresó que no había acudido al encuentro ni referido las acciones de su marido regateando heroicidad, los otros asistentes exclamaron que no sólo él ha sido excluido de la lista de participantes en la trama, sino también Antonio García Vázquez, "que fue en diferentes ocasiones a los simulacros de la Avenida, y no estuvo la noche decisiva porque se precipitó la fecha", Ernesto y Mario de la Maza, que desempeñaron iguales funciones, Angel Severo Cabral, "que desde el principio estuvo en la parte política, Miguel Bissié, que se jugó la vida...".

"Es que no se ha querido compartir las glorias, y son tan grandes esos que murieron, que no pretendemos igualarlos a estos, pero sí creemos que tienen méritos que no le han dado, aunque ellos nunca los han reclamado", significaron.

"Todos fueron valientes y patriotas. Sin esas dos condiciones no hubieran podido realizar esa hazaña. El valor y el patriotismo de esos hombres no tienen parangón. Todos tenían sus familias que los adoraban, no necesitaban embarcarse en esa aventura para vivir bien, no había ningún interés económico en su gesto que los impulsara, sólo el deseo de que los dominicanos vivieran en libertad y en democracia", concluyeron.







Las fosas cubiertas por el silencio


Juanico Cabrera es un patriarca. Es también uno de los actores de la masacre de 1937. Teatral y autoritario. Captura con sus relatos y su interminable repertorio de décimas pronunciadas con gracejo. A sus 90 y tantos años, coloca el pie sobre el estribo y de un brinco sube a su caballo. Pasea su hombría en este paisaje de gallos y miel.
Guillermo Perdomo Montalvo, S.J., párroco de la iglesia de Loma, nos acompaña. Al igual que los jesuitas pioneros llegados en 1936 a la misión fronteriza norte (Francisco Gallego e Ignacio Francia) le incumbe la realidad domínico-haitiana.
Las interrogantes aplastan. ¿Dónde está la verdad? ¿Dónde empieza el mito? ¿Dónde están los responsables de la llamada ‘matanza inútil'? ¿Cómo evitar una nueva limpieza étnicas, práctica en boga en la ‘civilizada' Europa finesecular? ¿Cuántos haitianos fueron asesinados? ¿Cuántos cruzaron la frontera? A 62 años de aquellos hechos, ¿cuáles fueron los hechos? ¿Cómo explicar una masacre ocurrida abrupta e impredeciblemente? ¿Cómo se pasó del prejuicio racial al genocidio?
Los libros de bautismos parroquiales hablan con elocuencia de la mezcla poblacional. ‘‘En la ermita de San José de Restauración, el infrascrito, cura de Dajabón, bauticé a Rosa, hija natural de Noreciá Amea. Fueron padrinos Damiscá Meis y Platúr Sisié''. El diario del padre Fransisco Gallego, S.J., iniciado en 1936 y suspendido sospechosamente en la víspera de la matanza, -o arrancadas sus páginas- configuran los acontecimientos de septiembre, octubre y noviembre de 1937. El informe de Gallegos escrito a principio de los cuarenta y reproducido por José Luis Sáez, S.J., en Los jesuitas en la República Dominicana, conjura el silencio de su diario: ‘‘No dejó de sorprendernos a los PP. la solemnidad que el Gobierno quiso dar a la inauguración de nuestra nueva iglesia el 11 de agosto de 1937, y todo aquel movimiento gubernamental nos abría esta interrogación: ¿qué pretenderá el Sr. Presidente con ese despliegue de fuerzas vivas en Dajabón? Los acontecimientos de septiembre y octubre vinieron a despejar aquella incógnita''.
Juanico Cabrera, de 94 años, habla.

‘‘Cuando era un muchachón traficaban mucho los haitianos, los había propietarios, uno los veía trajeaos como los dominicanos, con sus coibatas, su caballo en silla, con sus chalinas volando. Se instalaban aquí, porque todo esto era montería. Desde el pie de la sierra venían los haitianos apoderándose de tierras, eran prietos, pero hablaban bien dominicano. Pero el haitiano es diferente al dominicano. Un haitiano de teneres, tenía cinco o seis mujeres, cuando un dominicano de poder no podía tener más que dos o tres. El haitiano podía tener hasta diez, porque él pone a sus mujeres a trabajar en las parcelas y cobra los cuaitos, y mientras ellas trabajan, a lo mejoi lo ve uted a él floreando.
‘‘Trujillo comenzó a planear eso en 1936. Trujillo era como del color mio, un hombre grande, alto, más indio que yo. Los dos presidentes, el haitiano y el dominicano, se juntaron y abrazaron. Cuando Trujillo hacía un mitín, había que ir, a caballo, to el mundo, yo no me quedaba. Cuando Trujillo se dio cuenta que había más haitianos que dominicanos, no dijo una sola palabra. Pero tomó su decisión. El 23 de septiembre, víspera de la virgen de Las Mercedes que celebran en Santiago Rodríguez, comenzó la matanza. La mayoria salieron juyendo, lo que ellos jallaban (patrullas militares) los mataban, pero los que juían salían por aquí, cuando llegaban a Dajabón, les decían los dominicanos con su malicia: ‘ ¿a dónde van ustedes? ‘Aquí, no hay eso. Quedénse por ai'; y fueron matando. El 15 de octubre de 1937, comenzaron a matar en Dajabón. En la Sabana de Dajabón había tantos, que tuvieron los dominicanos que portar garabatos grandes y largos, para ir aizando los mueitos pa daile candela. Eran tantos que no podían enterrarlos. Los haitianos se revoltearon en Puerto Príncipe, ellos querían pelearle a Trujillo. Vicent propuso someter a Trujillo, porque como ellos dos eran amigos, no quería pelea.

-¿Usted vio matar haitianos?
-Si, si, sí. Yo vide matando. Lo cogían con un cuchillo, paa!, una puñalá, o trozarle así el pescuezo, como quiera, porque era obligado, no era cosa de que se yo. Juan y yo éramos los tutores que tenían el alcaide, nos mandaban hacei, y nosotros a veces jallábamos los haitianos y le decíamos ‘váyanse', si estábamos sólos, pero sí teníamos guaidias ceica, uno tenía que volarle y siquiera darle un mochazo, pero si usted se quedaba quieto después que él los mataba, le fajaba a usted. O sea que usted tenía que hacer movimientos también.

-O sea, que usted mató a varios, ¿verdad?
-Bueno,... no maté, de matar, les largaba mochazos, igual que Juan.

-¿Eran haitianos conocidos por ustedes?
-Eran conocidos que nos decían, ‘ay, Juanico, me van a matai'! ¿y qué hacía uno? Obligado usted marcharles, aunque no quisiera.

-¿Qué pasaba con los niños? Eran criaturas indefensas.
-Los niños los ensartaban pa'arriba y los trozaban, era una cosa muy terrible. ‘‘Cuando demandaron a Trujillo en el extranjero, llegó una circular a los alcaldes. Ei día que le llegó la circular al papá de Juan, que era el alcaide, se llamaba Juan Quezada, me dijo, compadre, aquí si hay un servicio apretao. Le voy a leer esta circular para que vea que esto no viene por mí. Viene dei gobierno.
‘‘Señor Alcalde Pedáneo de Manuel Bueno, Juan Quezada. Sírvase nombrar cinco hombres de la sección, que sean hombre joven, guapo, valiente, de dinero, y de de propiedad, hombre que no tenga nada pendiente en la justicia. Que estén dispuestos a defender la patria y que sean amigos de Trujillo’’. Cuando me dijo así, le dije, sí por Trujillo hay que morir, estoi dispuesto a morir'. Si decía que no (risas de Juan Quezada) me iban a fusilar. Me dijo, ‘vea, va uté, va mi compadre Baidemiro Cabrera, Bienvenido Gil, Juan Quezada, hijo, y José Marte, cinco hombres, y el dia 9 de diciembre de 1937 salimos de aquí a las 4 de la madrugada, cada uno en su caballo, para Dajabón. Cuando llegamos nos reunimos 73 hombres y nos laigaron a Montecristi. Tuvimos seis meses acuaitelaos.

-¿Qué pasó en Montecristi? ¿Para qué los llevaron allá?
-A los once días de llegar a cada uno nos dieron un arma, un puñal, un colín, un revólver. Para retratarnos y mandar esas fotografías al extranjero.

-¿Quién era el fiscal, el abogado, el juez?
-El abogado era Olegario Elena, era el fiscal de Montecristi, pero el fiscal del juicio vino de la capital. La primera causa fue el 15 de marzo de 1938. Desde la amanezca fue un rebú, cuando llegamos al tribunal nos dieron la instrucción de que diéramos una patá y largáramos un Viva Trujillo! Me pidieron los datos y me preguntaron sí había declarado. Tenía las instrucciones del fiscal y del abogado, de decir que sí. ‘Sí, señor, magistrado'. Y dijo, secretario, lea la declaración del señor Cabrera. Juan del Carmen Cabrera, residente en Manuel Bueno, soltero, declara que el 15 del mes de octubre, a las 4 de la madrugada se levantó a ordeñar diez vacas paridas que había en su corral, no las encontró, y además habían desaparecido dos caballos y una mula de su propiedad, y enseguida tomó una montura enganchándose un machete, un puñal y un fuete, dirigiéndose a Loma de Cabrera. Al llegar al Cajuil se juntó con José Marichal, Pedro de la Rosa y Demetrio Grullón, que venía de Guayubín y con los alcaides de Las Avispas y Cana Chapetón y junto a ellos siguió a Loma de Cabrera y al llegar preguntó al Alcaide Pedáneo, Faustino Gonel, que si había visto cruzar un ganado para abajo y éste dijo que sí, que se dirigía a Capotillo, para donde siguió la marcha y a la una de la tarde se encontró con un ganado en La Ceiba de Loma de Cabrera, y cuando, le hicieron alto, salieron unos haitianos a su encuentro, obligándonos a pelear, resultando así un cruento combate con bajas de ambos lados. Entre los dominicanos resultaron muertos Matías Furcal, Marcelino Mejía, Luis Mejía, Francisco Pichardo, Zula Placencio y su hija, éstas últimas procedían de Manuel Bueno y las habían matado los haitianos junto a un hombre apellido Jáquez'. Todos estos muertos estaban en mi expediente y yo mantenía la mano tendida respondiendo que sí a todo lo que me preguntaban -los muertos que aparecían en los expedientes, eran gente que Trujillo habia mandado a matar-. Cuando el secretario terminó la lectura, me preguntó el juez si había declarado eso. Contesté que sí -siendo mentira-. Dijo el juez: ‘¿usted oyó esas declaraciones?' Sí, señor magistrado. ‘¿Usted cree que esa es la suya?'. ‘Sí, señor, esa es la mía'. ‘¿usted no quiere agregara algo más a su declaración?' No, señor, magistrado, lo más que haiga que agregai se lo dejamos al licenciado Olegario Elena, que era fiscal de Montecristi, pero era abogado de nuestra defensa. Vaya y siéntese. Eso pasó y a las dos de la taide nos dieron receso para dir a comer y a las dos y media de la tarde, se paró el Ministerio Público, ei ficai, con el código, y le cantó a José Marichal, Pedro de la Rosa, Demetrio Grullón, alias Metón, 40 años de prisión, y a nosotros nos cantaron 30. Pero, Olegario Elena dijo, ‘ mis colegas, tenga pena y piedad, por nuestros compañeros, que se encuentran en el banquillo de los acusados. Recuerde lo que pasó en 1844 cuando etrallaron el primer trabucazo, subieron la bandera dominicana y cantaron el himno nacionai. Derrotaron ai señoi Boyer, pero cuando venía de Santiago para abajo, cogía a las dominicanas si la hallaban quemando cazabes, las sentaban en los burenes prendíos y las bandeaban! Eso lo hizo Boyer. Si estaban en estado, salían las criaturas gritando, figaban a los niños con bayonetas y andaban con ellos y los laigaban a la candela. Eso nos hicieron los haitianos en 1844'. Eso lo dijo el abogado en favor de nosotros. Paaan! Un receso y a las once de la noche fallaron. A José Marichal, Pedro de la Rosa y Demetrio Grullón, le redujeron la condena a treinta y a nosotros a veinte.

-¿Qué piensa de esas matanzas? ¿No tiene remordimientos?
-Si eso no hubiera pasado, ya no fuésemos dominicanos. Porque el haitiano es triple más que el dominicano. Usted no ve a Peña Gómez, fue atajao por el único hombre político que tiene la República Dominicana que se llama Balaguer. Soy balaguerista. Le llevo siete meses a Balaguer, él ta así, viejo y etrujao, poi la faita de mujer. El hombre que no tiene mujei es un trapo. Tengo 67 años de casado, y si me pongo una camisa y la mujei le ve un botón mellao, o una manchita, hace que me la quite. Por eso e que Balaguei está estrujao.

-¿Justifica la matanza?
-Podemos dar gracias que Trujillo inventó eso; fue un desastre tan grande, un derramamiento de sangre que no le voy a decir que fue bueno, porque ya yo me arrepentí. Ya toi esperando la palabra de Dios. Pero, fue lo mejor para la República Dominicana porque se diba a haitianizar otra vez. El dominicano era blanco, pero en esos años, mientras fueron gobierno en 1844, las mujeres mientras más blanca y buenamoza, más gustaba, se apoderaban de ellas, con el podei de encantamiento, porque el haitiano es quien tiene todo el aite (arte), para encantar a la mujer que le pase por el lao.
(suelto) Cincuenta pesos por e servicio
Juan Quezada, hijo del Alcalde Pedáneo de Manuel Bueno, era un hombre hecho y derecho en 1937. Afirma que carga con 87 años de vida.
De la vida antes del ‘corte' recuerda que la convivencia de dominicanos y haitianos era pacífica, que la mayoría de sus vecinos eran haitianos y que los había de todas clases: los honrados y los abigeos. Sus ojos brillan y a su rostro asoma una sonrisa que termina en mueca cuando habla de 1937.
‘‘Los guardias y los civiles reclutados para ese servicio, mataban a los haitianos con colín, casi nunca con armas de fuego. Carrasco y Villalona venían chapeando desde Santiago Rodríguez. Recuerdo los gritos de una vieja cuando la mataban: ‘donnez moi plus, qu'est-ce qui m'a pousée avenir ici!'.
‘‘Cuando se corrió la voz de que estaban matando, a muchas mujeres las mandaron para Haití. El capitán Peguero era de Dajabón, estaba por allá, por aquí todavía no había llegado Villalona. onde mataron muchos fue en la sabana de Dajabón. Los atajaban y los concentraban. Allí los tuvieron por varios días, los sacaban en grupo y zaas! los mataban. Ellos creían que los dejarían regresar a Haití. Pero ahí, en la sabana, fue la gran matanza.
‘‘ Después (en diciembre) me cogió preso el gobierno.. Antonces, él (el gobierno) se denegó de matar esos haitianos, se lo achacó a los civiles, porque robaban ganado, entonces ‘‘probaron'' que fueron civiles los que quisimos matarlos. El gobierno pidió de cada sección cinco hombres que no tuvieran cuentas pendientes con la justicia, que fueran honrados y guapos. El capitán Carrasco pidio cinco hombres, amigos de Trujillo. Dijo que nos llevaba a Montecristi a prestarle un servicio a Trujillo.
‘‘El fiscal dio las instrucciones de lo que teníamos que declarar. Contamos que no jallábamos qué hacer con los robos que hacían. Le mandamos una carta al gobierno, diciéndoles que las familias de nosotros se estaban muriendo, nos mandaron dizque cien pesos, pero nada más nos dieron 50 por los servicios pretao''.






Juanico Cabrera y Juan Quezada, participantes en ‘‘los servicios'' para ‘‘desalojar'' a los haitianos de la frontera norte, relatan los hechos que mancharon de sangre a Loma de Cabrera y Dajabón y como fueron instruidos para mentir.


1929
El establecimiento de una demarcación definitiva entre República Dominicana y Haití, tiene como precedentes políticos las guerras del siglo XIX y como el jurídico más firme, el Tratado de Límites de 1929, firmado entre el presidente Horacio Vásquez, por la República Dominicana y el presidente Bornó por la República de Haití, Tratado de Límites que no implicó un trazado, dado que no más llegar Rafael Trujillo al poder en 1930 manifestó el interés de revisarlo, conllevando ello las reuniones entre Trujillo y Vincente en 1933 en Haití (Ounaminthe) y República Dominicana (Dajabón), cuyo resultado fue la constitución de una Comisión Mixta para tales fines. Fuente: José Israel Cuello, Documentos del conflicto domínico-haitiano de 1937. 1934
(Noviembre)
Trujillo se trasladó a Puerto Príncipe 1935
(febrero)
Vincent se trasladó a Santo Domingo.

1935
De acuerdo al censo realizado en 1935, el país contaba con una población de 1,478,121 habitantes, de los cuales 1,406,347 eran dominicanos, y el resto extranjero. En la segunda cifra se incluían 52,657 haitianos que residían legalmente en territorio dominicano. El número de ‘ilegales', era muy superior. aunque nunca se calculase con precisión. Entre Dajabón y Restuaración, por ejemplo, había una población de 26,195 habitantes. Solo 1,511 vivían en la zona urbana. Los misioneros jesuitas calculaban la población de esa zona a su llegada en más de 35,000, de los cuales, casi 30 mil ‘eran de raza haitiana'. Fuente: José Luis Sáez, Los jesuitas en la República Dominicana. 1936
En Marzo se firmó el nuevo Tratado límitrofe, cuyo canje de ratificaciones se produjo el 14 de abril siguiente. 1936
De 35 mil habitantes, 30 mil eran haitianos (en la misión fronteriza, desde Copey a Restauración). Vivían en miserables bohíos y ocupados en las faenas del campo; unos como pequeños propietarios cultivando sus conucos; muchos trabajando alquilados por un insignificante jornal y unos cuantos traficando con café y cacao. Todo el territorio estaba haitianizado pues el comercio y el tráfico con Haití era libre. No se hablaba español en la mayor parte de los campos y poblados, sino el patuá haitiano o creole, francés especial y bárbaro; la moneda que circulaba era la haitiana. El carácter dominicano y haitiano difería. El dominicano sentimental, hospitalario, amigo de lucir, débil y flojo para el trabajo y de pocas iniciativas; el haitiano misántropo, receloso, superticioso, frugal, desaliñado, zafio, recio para los trabajos rudos. En general toda la población era pobre y con gran retraso cultural. Casi el 90% analfabetos''. Fuente: Francisco Gallego, S.J.

1937
(Septiembre)
‘Las cosas fueron poniéndose más serias, y el cumplimiento de la orden de salida a urgirse más, y a delatar como haitianos a los negros que no sabían hablar dominicano. Los haitianos más avisados empezaron a emigrar, y frecuente era, en mis excursiones de septiembre encontrarme con familias enteras, con lo puesto y un atillo de ropa, se dirigían a la frontera para acampar en territorio haitiano a la orilla del río Libón, pues no tenía nada ni nadie en Haití. Todo esto hacía sospechar que algo gordo iba a suceder, y más cuando se corrió de boca en boca que los vecinos de Haití estaban robando el ganado a los dominicanos. En esos días dsubí a Restauración, y me informeé que la cárcel estaba llena de haitianos detenidos, y que muchos de los que habían pasado a Libón, estaban pasando hambre'. Diario del padre Francisco Gallego, S.J., publicado por José Luis Sáez, S. J., Los jesuitas en la R.D. 1937
(Octubre)
El 4 de octubre a las siete de la noche fui a la iglesia, y al dirigirme a los asistentes, no había más que unas ocho personas y, entre ellas, cosa insólita, el capitán Carrasco. Se retira, y mando a salir a los pocos y mientas cierro las ventanas, oigo la detonación de unos tiros y los que habían venido al rosario entran de nuevo asustados pidiendo protección. A la mañana siguiente empiezan a llegar las noticias de que han aparecido muertas tres haitianas, y que por orden de las autoridades salían del pueblo las mujeres y los niños, quedando acuartelados los hombres. Durante el día recogí más datos sobre la hecatombe. En la Sabana de Santa María y a lo largo de la frontera, los militares habían asesinado a arma blanca centenares de haitianos, en su mayoría mujeres y niños, que eran conducidos de los campos vecinos por alcaldes pedáneos o por los guardias. Sus cadávares fueron cubiertos con algo de tierra, despeñados por precipicios o arrojados al río. Francisco Gallego, S.J.
1937
(Noviembre)
‘De los 34 mil habitantes que había en la misión, quedarían solamente unos cuatro mil, los dominicanos nada más. Aquella multitud de haitianos que llenaban las ermitas y cercaban al Padre para confesarse; aquellas caravanas que cruzaban los campos con sus niños a la cadera para bautizarlos cuando llegara el Padre, ya no se veían. Bohíos abandonados, parcelas yermas, perros extraviados que aullaban buscando sus amos; desolación y soledad en nuestros campos e intensa pena en nuestra alma por los desaparecidos y por la responsabilidad de los que los habían hecho desaparecer, era lo que sentíamos en aquél recorrido en el que restos humanos aparecían en el borde de los caminos’’. F. Gallego, S. J.

















Mario Vargas Llosa o la subordinación
de la ficción a la historia

El análisis pone en evidencia las zonas frágiles de esta obra que, sin embargo, los dominicanos deberán leer.



Digámoslo, de golpe, sin ambages: La fiesta del Chivo es el relato de una aventura y no la aventura de un relato. Desde 1973 he venido explicando en qué consiste esta frase famosa de Ricardou.

Todos los mecanismos de la novela tradicional han sido puestos en vigencia y hasta la saciedad. Se trata de una novela de personajes, brutalmente balzaciana, con un solo carácter central -Trujillo- sacado en vivo de la carcaza/carnaza de la historia monumental, sin más trabajo de imaginación que el de los diálogos ficticios, aunque verosímiles, acompañado de un rosario de personajes secundarios (Balaguer, Johnny Abbes, El Constitucionalista Beodo y los senadores Henry Chirinos y Agustín Cabral, alias Cerebrito, y otro cortejo encabezado en segundo plano por los participantes en la conjura del 30 de mayo de 1961, así como fugazmente por una retahíla de figurones y figuronas que están subordinados a la trama, a las peripecias y a la lógica de la suspensión continua del desenlace, cual es, por supuesto, la descripción de los preparativos y la acción final del atentado.

Hay un personaje femenino, hilo conductor de la aventura, que da vuelta y vuelta en cada suspensión: se trata de Urania Cabral -Uranita- hija del presidente del Senado Agustín Cabral, alias Cerebrito, ofrendada a Trujillo por el legislador en connivencia con Manuel Alfonso, celestino fácilmente ubicable en la historia real, pues Vargas Llosa no se tomó la molestia de hundir en el abismo de la ficción a tales personajes: Manuel de Moya Alonzo. Esta acción traumatizaría a la niña de 14 años hasta el presente de la escritura. Ella sufrió los efectos del poder, que son los de la castración. Nadie, en S/Z de Barthes, al analizar la noveleta de Balzac, queda impune del contacto con la Zambinella. Incluso en estrechar su mano hay un peligro mortal.

Vargas Llosa fabuló solamente con algunos personajes, por ejemplo con Henry Chirinos y el Constitucionalista Beodo, los cuales, si bien remiten a personajes de la historia real, acumulan, cada uno, todos los vicios de los políticos corruptos del trujillismo. De ahí la imposibilidad de resumir en un Polibio Díaz, un José Enrique García Aybar, un Carlos Sánchez y Sánchez y todos los juristas del Jefe, uno solo de ellos que pudiera funcionar como la simbolización de los demás miembros de su especie, es decir, presidentes del Senado o de los Diputados.

El personaje femenino más importante -lo repito- es Urania Cabral. A su través, corre el relato de la aventura en todo el texto y a ella echa mano el narrador para crear la sorpresa a medias que se descubre en el último capítulo de la obra. El lector adivina que el escritor le juega sucio y no le da la acción de inmediato, sino que se la suspende continuamente. Este mecanismo barato es propio de la escritura programada de antemano. Es la misma treta de las telenovelas que te suspenden en cada capítulo el desenlace de la aventura. La ficción mantiene en vilo el papel que jugará Uranita Cabral en la novela. Las preguntas continuas que ella y el narrador se hacen sobre el motivo de su viaje al país después de haberse ido una semanas antes del atentado contra Trujillo y después de que el lector conoce su juramento de no volver a pisar tierra dominicana, no hay lector por más ingenuo que sea que no se plantee el motivo de ese trompo embollado.

Ella es el revelador de la impotencia sexual de Trujillo y la sintaxis de las frases donde se habla elípticamente de una chica que al Jefe le recuerda constantemente que se hace pipí en los pantalones. Pero como se trata de una aventura novelesca, no voy a decirles en qué termina la peripecia de Uranita en la Casa de Caoba y cómo logra irse del país, al que vuelve con el único objeto de contarnos esa saga que será catártica para ella. Al menos ese es el funcionamiento discursivo de su acción.

Otros capítulos nodales de la novela son el que muestra el diálogo de Balaguer y Trujillo, el de Balaguer lidiando con los familiares de Trujillo con el cadáver del dictador frente a todos ellos y la estrategias que triunfan o sucumben según los intereses de cada quien o según las debilidades de cada quien. Pero una vez más, todo esto es pantomina de la ficción, pues conocemos de antemano lo que sucedió históricamente. En esos diálogos cristaliza la pequeña posibilidad de fabular que le queda al sujeto de la escritura. Además, digo que la capacidad de fabular es mínima porque sé, y el lector también, pertinentemente que para que el autor Vargas Llosa pudiera sacar en claro esas acciones y esos discursos de los personajes, ha debido obtener tales datos de manos de quienes participaron en ellos en la vida real: Balaguer, Imbert Barreras y quizá decenas de personas que de una u otra manera fueron actores de aquellos acontecimientos.

La conclusión que se impone es que, por ese complejo de Guacanagarix, ningún novelista dominicano que hubiese encaminado sus pasos a obtener esas entrevistas de los personajes que participaron en aquellos acontecimientos, con el fin confesado de escribir una novela, los hubiese conseguido. La explicación no reside sino en la desconfianza política y en el miedo a que se vaya a hacer un mal uso de esas confesiones. Es preferible que sea un extranjero quien haga mal uso de tales confidencias y no un criollo, sobre todo si no está a la altura de un Vargas Llosa, un García Márquez o un Roa Bastos. Además, razona el Guacanagarix, es mejor salir embarrado en la ficción de un genio o una celebridad internacional que no en un carajo a la vela dominicano. Eso explica las pleitesías que se les hacen en el país a cualquier pelafustán extranjero. No es que Vargas Llosa lo sea, pero la conducta con él es la misma que observan las clases altas con relación a lo extranjero.

FUENTES. Vargas Llosa hurgó también, aparte de las fuentes orales, en las escritas. Sobre todo en Almoina, que describe el bar que está descrito en la Casa de Caoba en el último capítulo. En Galíndez que se hace eco del rumor de Almoina de que Ramfis no era hijo de Trujillo. También ha debido beber en Diederich, Crassweller y toda la bibiliografía escrita por dominicanos y extranjeros sobre Trujillo. Saberlo es cosa de ponerse a buscar las referencias bibliográficas embutidas en la novela.

SINTAXIS. Son muchas las faltas a la sintaxis que uno encuentra en esta novela (no de sintaxis, como escribe Vargas Llosa en p. 267). Una de las que más me llamó la atención fue esta, en la que el narrador habla del celestino Manuel Alfonso: « Lo hacía con esa sutileza adquirida en sus años de diplomático encargado de misiones difíciles. ¿No era esta, además, una ocasión extraordinaria para que Urania ayudara a su amigo Cerebrito, a salir de la trampa que le tendieron los eternos envidiosos?» (p. 497-98). Cerebrito es el padre de Urania, pero aquí, semánticamente es su amigo. Absurdo, pues de quien es amigo es del diplomático celestino. Otras faltas a la sintaxis son: Ello con valor de pronombre: ello servía (p.450); Años de años en vez de años tras años (p. 257); el anglicismo Lo siento en vez de Lo lamento (p. 285, 479. Bien usado en 448); otro anglicismo es retomar (p. 288) e Hispaniola por La Española (p. 181, 293); gerundios raros del tipo inglés (saliendo, p. 112 y apareciendo, p. 334); anglicismo en Te prometo en vez de Te lo prometo (p. 516); uso arcaico del partitivo, si no galicado en «dar de cabezazos» (p. 443); faltarle el respeto en vez de faltarle al respeto (p. 398) y No se volverá a repetir, pleonasmo por No se repetirá (381 y 416); galicismo en debacle en vez de desastre (p.197) y en desavisados en vez de desinformados (p.460); casos de queísmo en (p. 260, Estoy segura que y 261 ¿No te diste cuenta que...? en vez de segura de y diste cuenta de que, 194, 333-34, 432, 494 y 507) y título falso de la obra de Marrero Aristy en tres volúmenes (p. 286); cidra en vez de Cidra, nombre propio de un tipo de ron, no de una bebida de manzana (p. 495).

PROBLEMAS LeXICOS. Me detengo solamente en aquellos usos léxicos que estarían permitidos al universal reportaje de todos los días, no al escritor que, se supone, es el encargado de llevar la lengua, a través del discurso, a su explotación ilimitada, para no caer en el instrumentalismo de Barthes acerca del escritor como amo de las anomalías semánticas o en el chomkysmo cartesiano. Uso de elucubrar (verbo inexistente) por lucubrar (p.241); riversa por reversa (p.250); aerobics por aeróbicos (p. 145 y 198); memoramdums en vez de memorandos (p. 264); coctel en vez de cóctel (p. 183, 279 y 377); renqueando por rengueando (p. 266); coexistencia de palmeras canas (p. 15) con palmas canas (p.376 y 496), este último válido como usual en el español dominicano. Sería interesante trazar el trayecto de Palma de Canarias a palma de cana y palmera de cana. Existen algunas contradicciones léxicas que se deben más bien al desconocimiento de ciertos detalles culturales e históricos de parte del autor de la novela: por ejemplo, doctor Amiama [Luis] no lleva título académico (p.482); Tavares Justo (p.182) no se escribe con s, sino con z (Tavárez); rouge es un galicismo que tenía justificación en los años 20-30 cuando todavía pintalabios o lápiz labial no estaban afincados (p.87); destacada en vez de sobresaliente (p. 517), el apellido de la familia Cavagliano donde se escondió Antonio Imbert ha sido cambiado a Cavaglieri. Podría ser a propósito, para diluir su efecto realista, pero si así fuera, había que hacer lo mismo con Rainieri, quien le llevó a ese escondite. También está deformado, quizá por la misma razón, pero la creo, el apellido Cestero, que aparece como Certero (p.329), en Fernando Camino, dentista de Trujillo; voleibol por volibol (p. 256) . Un verbo usado varias veces en la novela es lucir en lugar de parecer (p.38). Paro de contar y le dejo el resto a los demás analistas literarios.

DEFECTO MAYOR. Aunque se lee con curiosidad, La fiesta del Chivo no se lee con interés. Incluso usted puede dejarla dormir cada noche y ella le dejará dormir porque el ritmo de la novela es el del discurso sobre la historia de Trujillo, no el de una escritura como aventura del sujeto, como sucede en La casa verde o en Cien años de soledad, la fabulación cien por ciento. No hay ritmo poético en La fiesta del Chivo, sino ritmo mimético de la descripción histórica.

Cuando decía en el artículo anterior que esta novela de Vargas Llosa no tenía riesgo, me refería a que, dada la programación de su sentido, la orientación política del texto carecía de estrategia. ¿Cuáles son las ideologías de época que esta novela transforma? Ninguna. Las reproduce todas: la ideología literaria de escribir novelas de aventura; la ideología histórica consistente en reproducir tramos de la historia sin transformar el discurso sobre la historia. La obra de Vargas Llosa no tiene adversarios. Se escribe en contra del sujeto mismo en primer lugar y en contra de la historia y las ideologías de una época. Los sujetos que dieron vida y animaron las acciones narradas en La fiesta del Chivo están bien muertos.

En cambio, una novela como Los que falsificaron la firma de Dios, de Viriato Sención, tenía uno y más adverssarios y transformó una historia inmediata y para hacerlo tuvo que acudir a la fabulación de los nombres de los personajes y con todo y eso el Poder, contra el cual orientó dicha novela su escritura, no la leyó inocentemente. La leyó, aunque con una ideología historicista, como tenía que leerla: orientación política del sentido en contra de las instancias del Poder y de la sociedad. La cual le salió huyendo o le escurrió, discretamente, el bulto, mientras permitía que el Poder se cebara contra la escritura.

De todos modos, recomiendo a los lectores que lean, por mera curiosidad, La fiesta del Chivo y que vayan a la páginas 117 y lean esto: «Todos sabían que se refería al Benefactor, al Padre de la Patria Nueva, al Generalísimo doctor Rafael L. Trujillo Molina, cuya corona fúnebre de flores frescas y fragantes era la más vistosaz de la cámara mortuoria». Si la mitad del texto estuviera escrito así, indudablemente que estaríamos en presente de un trabajo del ritmo a través del consonantismo prosódico. El otro ejemplo raro de consonantismo es este: «Al senador se le ocurrió que si las serpientes hablaran tendrían esa voz sibilante» (p. 274) Pero este ritmo sólo es posible encontrarlo en la fabulación total. Y este no es el caso.

Aunque se lee con curiosidad, La fiesta del Chivo no se lee con interés. Incluso usted puede dejarla dormir cada noche y ella le dejará dormir porque el ritmo de la novela es el del discurso sobre la historia de Trujillo, no el de una escritura como aventura del sujeto, como sucede en La casa verde o en Cien años de soledad, la fabulación cien por ciento. No hay ritmo poético en La fiesta del Chivo, sino ritmo mimético de la descripción histórica.




La otra fiesta del Chivo

La última producción del escritor peruano Mario Vargas Llosa La fiesta del Chivo ha creado una chivomanía increíble.



Ya es difícil despertar sin toparnos con algo o alguien que no se refiera a la novela La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa. Artículos, editoriales, paneles, simposios, análisis y un sinnúmero de cosas más, bombardean el entorno cada día, y por supuesto, esto hace que la novela se siga vendiendo como "pan caliente".

Pero no todo es sufrir, también existen actividades donde vamos a llenar nuestro maltratado intelecto, nuestro estómago y podemos disfrutar de la creatividad del dominicano (experto en sacarle provecho a todo, una fiel copia de los chinos). Una muestra de lo que escribimos fue la llamada Otra fiesta del Chivo, la cual se realizó el pasado martes a partir de las 8:00 de la noche en el Fuerte Café San Gil para celebrar el trigésimo-noveno aniversario del ajusticiamiento de Trujillo.

El menú consistió en carne de chivo de varias formas: Chivo guisado, chivo asado, sancocho de chivo, pipián de chivo, y otros platos que quizás usted no los encontrará en ningún lugar, pero que sería bastante interesante probarlos. Nos referimos al chivo dice be, chivo chivulo, chivo chivito, chivo de la campana, chivo de la línea, chivo chivato, chivo de monción y chivo como usted lo quiera. Después de esta actividad nos preguntamos ¿qué más inventará el dominicano? ¡somos increíbles!.

Conversamos con Iván Rojas, uno de los propietarios del establecimiento comercial, nos comentó que esta festividad no está registrada dentro de las tradicionales, aunque debería ser una conmemoración anual, un elogio a la libertad.

"Esta es una fiesta de todos, principalmente si rememora el acontecimiento histórico de un ajusticiamiento postergado, realizado para eliminar al más férreo dictador que haya conocido la humanidad en esta parte del mundo.

39 años después es suficiente tiempo para que los clubes , sociales y barriales, festejen la fecha obviando los temores heredados, aunque vivan y graviten personajes funestos de aquellos tiempos (que han gobernado e intentaron hacerlo nuevamente en las pasadas elecciones, que escriben, opinan en la prensa y se hacen pasar como sujetos dignos de pena).

La otra fiesta del Chivo ahora más que nunca debe ser celebrada pues estamos en tiempos de pos trujillismo, neo trujillismo, tardo trujillismo, retro trujillismo, trujillistas muesografiados, ex trujillistas y trujillistas de siempre."







JUAN BOSCH
PATRIOTA, ESCRITOR, LIDER Y MAESTRO

Este primer ciclo en la vida de don Juan, el literato, se cerrará con la publicación de su monografía Apuntes sobre el arte de escribir cuentos, única en su género, que recoge su experiencia de maestro que para entonces había publicado El Indio Manuel Sicurí, La Mujer, Luis Pié, Regreso al Puerto de Origen, La Mancha Indeleble y Fragata, narraciones y cuentos de gran trascendencia no solamente por la profundidad social de sus temas y la riqueza del lenguaje que utiliza, sino por la expresión cruda, dolorosa y real de la vida de nuestros pueblos que sufren bajo el mismo régimen de injusticias.

En ese sentido ninguno de los grandes maestros del cuento latinoamericano ha calado tan profundo como Bosch, ni ha tenido una producción tan intensa y extensa que pueda servir como escuela a las generaciones presentes y futuras del continente. Por eso aparecen en la mayoría de las antologías del cuento hispanoamericano, estudios y menciones de Bosch.

Se inició a partir de entonces la etapa más brillante, en el orden político, del patriota, escritor y ensayista, que había paseado por todas las plazas de América Latina el nombre de República Dominicana, ganándose, por la calidad de sus obras, la admiración y el respeto de los sectores más conscientes y avanzados de los pueblos hispanoamericanos. Cuando regresó a su patria, a fines del año de 1961, después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, a quien le había remitido una objetiva y dramática carta el 27 de febrero de 1961. Cuyo texto es el siguiente:

CARTA A TRUJILLO

"General": En este día, la república que usted gobierna cumple ciento diecisiete años. De ellos, treinta y uno los ha pasado bajo su mando; y esto quiere decir que durante más de un cuarto de su vida republicana el pueblo de Santo Domingo ha vivido sometido al régimen que usted creó y que usted ha mantenido con espantoso tesón.

"Tal vez usted no haya pensado que ese régimen ha podido durar gracias, entre otras cosas, a que la República Dominicana es parte de la América Latina; y debido a su paciencia evangélica para sufrir atropellos, la América Latina ha permanecido durante la mayor parte de este siglo fuera del foco de interés de la política mundial. Nuestros países no eran peligrosos, y por tanto no había por qué preocuparse por ellos. En esa atmósfera de laisez faire, usted podía mantenerse en el poder por tiempo indefinido; podía aspirar a estar gobernando todavía en Santo Domingo al cumplirse el sesquicentenario de la república, si los dioses le daban vida para tanto.

"Pero la atmósfera política del Hemisferio sufrió un cambio brusco a partir del 1ro. de enero de 1959. Sea cual sea la opinión que se tenga de Fidel Castro, la historia tendrá que reconocerle que ha desempeñado un papel de primera magnitud en ese cambio de atmósfera continental, pues a él le correspondió la función de transformar a pueblos pacientes en pueblos peligrosos. Ya no somos tierras sin importancia, que pueden ser mantenidas fuera el foco de interés mundial. Ahora hay que pensar en nosotros y elaborar toda una teoría política y social que pueda satisfacer el hambre de libertad, justicia y de pan del hombre americano.

"Esa nueva teoría es un aliado moral de los dominicanos que luchan contra el régimen que usted ha fundado; y aunque llevado por su instinto realista y tal vez ofuscado por la desviación profesional de hombre de poder, usted puede negarse a reconocer el valor político de tal fuerza que significa la unión de ese factor con la voluntad democrática del pueblo dominicano y con los errores que usted ha cometido y viene cometiendo en sus relaciones con el mundo americano.

"La fuerza resultante de la suma de los tres factores mencionados va a actuar precisamente cuando comienza la crisis de usted; sus adversarios se levantan de una postración de treinta y un años en el momento en que usted queda abandonado a su suerte en medio de una atmósfera política y social que no ofrece ya alimento a sus pulmones. En este instante histórico, su caso puede ser comparado al del ágil, fuerte, agresivo y voraz tiburón, conformado por miles de años para ser el terror de los mares, al que un inesperado cataclismo le ha cambiado el agua de mar por ácido sulfúrico; ese tiburón no puede seguir viviendo.

"No piense que al referirme al tiburón lo he hecho con ánimo de establecer comparaciones peyorativas para usted. Lo he mencionado porque es un ejemplo de ser vivo nacido para atacar y vencer, como estoy seguro que piensa usted de sí mismo. Y ya ve que ese arrogante vencedor de los abismos marítimos puede ser inutilizado y destruido por un cambio en su ambiente natural, imagen fiel del caso en que usted se encuentra ahora.

"Pero sucede que el destino de sus últimos días como dictador de la República Dominicana puede reflejarse con sangre o sin ella en el pueblo de Santo Domingo. Si usted admite que la atmósfera política de la América Latina ha cambiado, que en el nuevo ambiente no hay aire para usted, y emigra a aguas más seguras para su naturaleza individual, nuestro país puede recibir el 27 de febrero de 1962 en paz y con optimismo; si usted no lo admite y se empeña en seguir tiranizándolo, el próximo aniversario de la república será caótico y sangriento; y de ser así, el caos y la sangre llegarán más allá del umbral de su propia casa, y escribo casa con el sentido usado en los textos bíblicos.

"Es todo cuanto quería decirle, hoy, aniversario de la fundación de la República Dominicana". 27 de febrero de 1961. Juan Bosch.

Ese documento vino a darle toda la razón al agudo político que en él se había desarrollado, por la naturaleza de los acontecimientos que se produjeron, meses después, para cerrar ese ciclo de la historia contemporánea de la República.

Su presencia en el país fue impactante y determinante, en su condición de líder político, presidente del Partido Revolucionario Dominicano, organización que no conocía el pueblo y que había realizado sus actividades desde 1939, por espacio de veintidós años, lejos del escenario geográfico nacional.

Juan Bosch, el líder, revolucionó el arte, los métodos y los matices de hacer política en el país. Utilizando un lenguaje sencillo, directo y pedagógico, llevó al seno de las grandes mayorías nacionales sus ideas reformistas, liberales y patrióticas, que fueron recogidas por la historia para ser agregadas a su obra literaria, extraordinaria, singular, reconocida ya, para entonces, en términos mundiales. Nunca en la historia del país y creemos que en la de América, un líder político había podido comunicarse de manera tan directa y persuasiva con una masa en su mayor parte carente de los más mínimos conocimientos del saber.

EL LIDER

Patriota, escritor y líder, entró Bosch en el escenario de la más hermosa de las tareas que un ser humano puede desarrollar: El magisterio. Desde su liderato, firme, decidido, valiente, cívico, sin antecedentes en la vida política dominicana, comenzó el maestro a enseñar a su pueblo, en el orden histórico y político, las nociones elementales para que tuviera conciencia de sus derechos y deberes. Modificó su prosa, martiana, de escritor laureado, para escribir en un lenguaje directo, que el pueblo comprendiera y recorrió caminos, calles, parajes, municipios y pueblos día tras día predicando, enseñando con su conducta, que la política era un oficio noble, honesto, arriesgado, enérgico, viril, de verdadera vocación patriótica, útil, respetado, cuando estaba al servicio de las grandes mayorías.

El líder, convertido en maestro, ganó el 20 de diciembre de 1962, por abrumadora mayoría, las primeras elecciones democráticas realizadas en el país después de treintiún años de implacable dictadura. Apóstol y combatiente, tuvo como adversario un frente integrado por los sectores más conservadores, de una oligarquía criolla trasnochada, apoyada por la alta jerarquía de la iglesia católica, estimulados ambos, oligarquía e iglesia, por la política intervensionista de los Estados Unidos, que no aceptaban a Juan Bosch porque desconfiaban de él, al sentirlo muy ligado a las causas de verdaderas reformas sociales para darle participación en el disfrute de las riquezas de su pueblo, a las que tenían absoluto y pleno derecho, a la gran mayoría de hombres y mujeres marginados y explotados en beneficio de una minoría.

El líder y maestro, desde la presidencia, auspició la promulgación de la Constitución más progresista y liberal que ha tenido la República en toda su historia. Documento que, en la realidad de su ordenamiento, era un verdadero programa de gobierno, patriótico, reformador y liberal, que le permitía a la sociedad dominicana subir a otro estadio de su desarrollo que le permitiría organizarse como nación civilizada, dentro del proceso revolucionario y de renovación que en ese momento vivía la humanidad.

Su estilo de gobernar, su honestidad, la seriedad en el ejercicio de la función que la mayoría del pueblo le había confiado, estimuló la agresividad de sus adversarios, que terminaron conspirando y organizando un levantamiento militar apoyado por el gobierno del presidente Kennedy para derrocar su gobierno, que se ejecutó el 25 de septiembre de 1963, entrando la República en un proceso de profundo deterioro, nepotismo, corrupción y crímenes políticos, entre los cuales debe señalarse el fusilamiento sin juicio o tolerancia de ningún género, de un numeroso grupo de jóvenes de diferentes categorías sociales, entre ellos varios profesionales universitarios, que bajo el liderato del doctor Manuel Tavárez Justo se levantaron en armas contra el gobierno defacto que sustituyó el constitucional, legítimo y popular de Juan Bosch.

El profesor Bosch retornó al exilio y allí, el patriota, escritor, líder y maestro escribió Crisis de la democracia de América en la República Dominicana, que sirvió como aglutinante y denominador común de las ideas que representó su gobierno y como catalizador del sentimiento patriótico y constitucionalista que anidaba en la conciencia de un grupo de jóvenes oficiales que conformaron el Movimiento Militar Constitucionalista Clandestino, en el seno de las Fuerzas Armadas, organizado bajo la jefatura militar del coronel Rafael Fernández Domínguez y el liderato político de Juan Bosch.

Ese movimiento auspiciaría el levantamiento constitucionalista de abril de 1965, que reclamaba el retorno a la constitucionalidad sin elecciones, o sea, el restablecimiento del gobierno presidido por el ilustre escritor, expresión de la voluntad ciudadana de la mayoría de los dominicanos. A la par de su actividad política, el oficio de escritor, de ensayista, no fue abandonado nunca por don Juan. Antes de iniciarse el levantamiento del Movimiento Militar Constitucionalista, dos libros fueron publicados, David: Biografía de un rey y Bolívar y la guerra social.

El 28 de abril de 1965 tropas de infantería de marina de los Estados Unidos desembarcaron en territorio dominicano. El objetivo real, cierto y expreso era impedir que Juan Bosch, exiliado en Puerto Rico, territorio estadounidense, regresara, triunfador, en hombros del pueblo, a la presidencia. Se inició entonces un episodio sin precedentes en la historia de América.

Bajo el liderato de jóvenes oficiales de las Fuerzas Armadas, encabezadas por el coronel Francisco Caamaño Deñó y un numeroso sector de soldados y policías, la mayoría del pueblo se enfrentó a los invasores, combatiendo con la firmeza, arrojo y valentía que históricamente ha demostrado nuestro pueblo, actor solitario de su historia.Cuando tener hijas bellas era una pesadilla

Emilia de Lara de Paulino no es una matrona más. Lúcida, independiente, de viva inteligencia, de recio carácter, de esmerada educación, sociable, perspicaz, tiene su particular visión del tiempo vivido. A sus 94 años, ilustra toda una filosofía de entender la relación entre los hombres y mujeres, en aspectos que no registran muchos cambios: la naturaleza humana.
No acomoda lo que piensa a las conveniencias. Tanto es así que a estas alturas define a Rafael L. Trujillo como un hombre bueno. Ella no se suma a la mayoría de los áulicos que ahora reniegan su adhesión a ese régimen.
Nacida en el seno de una prominente familia mocana que se alió a Horacio Vásquez y Ramón Cáceres para derrocar al tirano Lilís, por matrimonio se convirtió en una Paulino, una distinguida familia del Santiago de principios de siglo que apoyó desde su inicio y, sin reservas, la dictadura trujillista.
Para doña Millo, como la llaman sus allegados, nacida en la Moca de 1905, el antaño huele a colonia Roger Gallet, suena al ferrocarril Moca-Puerto Plata y al vapor que navegaba hasta Nueva York para conducirla a Europa. El ayer es también el pánico de que una de sus hijas llame la atención del Benefactor de la Patria, son las cenas en San Cristóbal, es el arte de hablar con los cortesanos sin decir nada y recordar los tiempos cuando los cementerios eran escenarios de citas y amores prohibidos.
‘Mamá murió cuando yo tenía cinco años. De nueve hermanos, yo era la penúltima. Papá no volvió a casarse. Se dedicó a educarnos. Era un hombre de negocios, había fundado la casa comercial De Lara Hermanos y el banco De Lara y Sucesores. Tenía fincas, vendía café, cacao. Era un hombre sociable, bien vestido y oloroso que viajaba todos los años a Europa. En cada viaje llevaba a uno o dos de nosotros. Francia era su debilidad.
‘A papá solía decirle, umh, hueles a gloria’. Y él respondía: ‘así deben oler los hombres decentes’. El usaba Roger Gallet y la Hora Azul de Guerlain. Era galante y buenmozo. Decía que las mujeres no eran para él, porque tenía nueve hijos. Cuando iba a cumplir quince años me llevó a Francia. En el trayecto vi, por primera vez, a Federico Augusto Paulino, él que se convertiría años después en mi esposo. Su papá lo llevaba a Canada a estudiar. Para viajar la gente vestía con elegancia, pero sin lujos, porque en el ferrocarrill hacía mucho calor. El barco en el que zarparíamos se dañó y pasamos nueve días en Puerto Plata. Nos hospedamos en el hotel Europa, íbamos a las retretas de noche, él pasaba por un lado y yo por el otro. Cuando llegamos a Nueva York me entregó una carta en la que se me declaró. La leí mil veces escondida hasta de mi hermana, porque en esa época eso no se le permitía a una. En París papá me preguntó qué quería de quince años. Le pedí un reloj,, un armario con luna viselada y un espejo bien bonito, como todas las cosas que él compraba. El era tan recto, que el que no estaba en casa a la hora de cena se quedaba sin cenar. Una tarde no llegó a tiempo y se la guardaron. La rechazó, dijo que no tenía derecho. Le decíamos, papá, tu estabas con don Horacio Vásquez, con don Tilo Patiño en negocios.
‘Tiempo después Federico (Tuto) Paulino apareció en Moca, pero vino enamorado de una amiga nuestra que conoció en Santiago. El era buenmozo, muy alto, con ojos verdes. Gustaba mucho. No perdí las esperanzas de recuperarlo. Le presenté a ella un primo mío y se casaron. El padre de Federico y el mío eran amigos. Tuve ese apoyo. Nos casamos en 1923. El matrimonio se celebró en casa, porque a papá no le gustaba la exhibición en la iglesia. Decía que esas bodas en las iglesias eran pretensiones de la gente. Nos fuimos a vivir a Santiago, donde residían los Paulino.
-¿Cómo era Moca?

-Moca era muy tranquila, la gente muy decente y la sociedad era blanca. Allí no había tinta (Doña Millo señala su piel). Los mocanos eran buenos y limpios, pero yo aspiraba a otras cosas. Soñaba con vivir en Santiago. Pero allí las cosas también eran lentas. Se movía siempre el mismo grupo. Cuando estaba soltera una no tenía derecho de tener nuevas amistades. Frecuentábamos las mismas personas, porque papá era el que sabía lo que nos convenía. El quería que sólo nos juntáramos con los hijos de sus amigos. Yo era muy sociable y gustaba mucho. Después de casada las cosas no cambiaron mucho. Mi esposo trabajaba en La Paloma, la tienda de don Manuel Tavares, era contable y hablaba inglés. La Paloma era visitada por gente pudiente.

-¿Y Santiago como era?

-Era divino. Se paseaba en coche. Uno rentaba un coche tirado por dos caballos, se paseaba por el pueblo, subíamos a lo que era el Castillo, donde está el Monumento ahora, se hacían visitas, las casas tenían caballerizas y por las tardes se montaba a caballo. La vida era más humilde. La gente tenía más corazón, no había tantos pobres, pero a los que había, no se les maltrataba. Ahora los pobres no son nadie y la gente es arrogante. En esa época la mayoría de las muchachas sólo aspiraban a casarse, a tener hijos y un buen marido. No existía la inquietud de ahora, que la mujer hasta casada quiere estudiar, formarse, brillar por algo. Antes, la mujer era para el hogar y los hijos.

-Cuando Trujillo llega en 1930, ¿cambió su vida?

-A mi esposo lo nombran subadministrador del ferrocarril. Don José Estrella era el administrador, luego lo quitaron porque durante Trujillo los empleados no duraban mucho en sus cargos. Después lo nombraron diputado. Fue legislador unos cuantos años. Viajaba a la capital, fletaba un carro con otros legisladores para asistir a las sesiones.

-¿Qué provocó que Trujillo lo nombrara en un cargo político?

-Mi esposo tenía personalidad. Y a Trujillo le gustaban la gente que se distinguía, que vistieran bien, que supieran idiomas, que perteneciera a la sociedad. Sentía que así él y su gobierno estaban bien representados. Se conocieron antes de Trujillo convertirse en Presidente en los bailes del Centro de Recreo. Luego, (en 1943), Federico fue designado gobernador en San Cristóbal. Para la época mis tres hijas eran unas jovencitas muy bonitas. Una persona muy íntima de mi suegra, una Paulino, me preguntó cuál de mis hijas era la que le gustaba a Trujillo. Eran los tiempos en que Trujillo había convertido a Olga Rojas, una bellísima muchacha de Moca y de excelente familia, en su querida. Me sentí aterrorizada, pero le respondí que era yo la que le gustaba a Trujillo. ‘Pero sabré defenderme, mis hijas no sabrán, pero yo si’. No satisfecha con eso preguntó si mi esposo lo sabía. Sin consultarle contesté, ‘claro que él lo sabe’. Eso fue lo que se me ocurrió decirle. Pero todo era mentira. Cuando llegó Tuto se lo conté todo. No me arrepentí de mentir. Salvé a mis hijas. Eran lo que yo más quería. Eran lindas y educadas, y eso era lo que a él le gustaba.
‘Vivíamos en San Cristobal y ahí era que había que tener cuidado. Oraba a papá, (él murió en 1927) y al Corazón de Jesús para que nos cuidara. El nos invitaba a cenar junto con las niñas. Una de ellas le tocaba piano, la otra le cantaba y la otra le hablaba en inglés. Trujillo maravillado preguntaba, ¿pero cómo pudo con poco sueldo educar sus hijas tan bien? Le contestaba, ‘todo se puede hacer con sacrificios y sin faltar’. Trujillo, decía, ‘usted es muy inteligente, porque supo educarlas’. Le respondía, ‘fui educada por Fernando de Lara, lo que él me enseñó lo transmití a mis hijas. Nunca oirá una mala contesta ni nada. Comentaba, ‘la he estudiado mucho y veo que es así’. Me decía, ‘señora gobernadora, ¿por qué no quiere un carro? Le contestaba, ‘Papá decía que era mejor rentarlo que poseerlo. Porque el carro se descompone y nadie sabe arreglarlo, mientras que el alquilado siempre está bien’. Nunca le pedimos carro, porque detrás del carro venía otra cosa. Trujillo comentaba, ‘señora gobernadora usted sí es distinta a las otras!

-¿Cómo era Trujillo?

-Todo lo que dicen de él es malo. Dicen que mandaba a matar, que era tirano. Pero para mí Trujillo fue un hombre bueno. Fue bueno conmigo y mis hijas, lo único que tengo de él son gratos recuerdos, nunca se propasó. Nunca. Yo cosía, hacía pudines y pan, todo para ganar dinero y poder pagar maestros de inglés y de piano. Gastaba, pero gastaba lo mío. No que nadie me lo daba. Ese esfuerzo hizo que Trujillo nos considerara en otro nivel. No tengo rencor para Trujillo. Cuando él se dio cuenta que no iba a sacar nada de nosotros, nos trasladó para Moca.

-¿Que no podia sacar nada?

-El abusaba de las muchachas y uno sufría de pensar que le fueran a gustar las nuestras. Nos llamaba para que cenáramos con él, pero unca intentó nada con las niñas. Por eso lo alabo y le agradezco.

-¿A esas cenas siempre les invitaba con sus hijas?

-Trujillo era tan decente con nosotros, que cuando tenía sus planes, nos invitaba sin ellas. Nos mandaba a buscar porque no teníamos carro. Si le aceptabas un carro, detrás de eso venía otra cosa. Y nosotros no podíamos comprarlo, porque con un sueldo no se compraba un vehículo.

-¿Cómo era el ambiente de San Cristóbal? ¿Cómo era doña María?

-Allá coincidíamos con Paíno Pichardo, Manuel de Moya, que era muy amigo de nosotros, porque fue novio de mi cuñada Altagracia Paulino. Manuel era muy educado, Paíno igual. Trujillo estaba rodeado de la mejor clase de gente, no eran personas de la clase baja. María, por ejemplo, no se quitaba el sombrero para comer. Durante un cumpleaños de ella le dedicaron un almuerzo. Allí estaba toda la gente prominente. Vestía sobrecargadamente. Había detalles que delataban que no era bien educada. Permanecía petrificada con su sombrero, con una señora así, no se podía ni conversar.

-¿De qué se hablaba en esas reuniones?

-Nada. La gente no se atrevía hablar porque podía ser mal interpretada, supongo yo. Las conversaciones se reducían a intercambios como estos: ¿y qué tiempo tiene usted viviendo en San Cristóbal? Dos o tres meses. ¿Y le gusta San Cristóbal? Claro, que si... (había que decir que si, comenta doña Millo). La gente es muy amable, muy simpática...Era como una comedia.
De la gobernación de Moca, los Paulino-de Lara pasaron a la de Santiago. La gobernación no era un cargo fácil, cuenta doña Millo. ‘Había que atender las quejas sobre los caminos que estaban en malas condiciones, era un trabajo social de muchas exigencias’’. No pasó mucho tiempo cuando en 1946 Trujillo designó a Federico Augusto Paulino como Cónsul General en Chicago.

-¿Fue motivo de alegría ese cargo en Chicago?

-Y de incertidumbre. Revivimos lo que sucedió cuando nos nombraron en San Cristóbal. Temblamos porque no sabíamos qué pretendía con ese nombramiento. Pero estaba contenta, huíamos del ambiente sin haberlo solicitado, porque el que pide y le dan, sabe que el otro espera algo a cambio. Pero de nosotros, Trujillo no pudo esperar nada.

-¿Su esposo era familia de Miguel Angel Paulino, el jefe de La 42?

-Miguel Angel Paulino era un hijo natural, reconocido por el papá de mi marido. Eran hermanos de padre. El era tremendo. Era uña y carne de Trujillo y hacía lo que Trujillo quisiera. Nosotros lo tratátabamos por arribita, no como familia. El no cuadraba con nosotros. A pesar de que eran hermanos, era tratado con cierta distancia. Con los hijos fuera de matrimonio hay una distancia discreta, sin comentarios, pero con reservas.
-¿Cómo afrontaban las mujeres el que sus esposos tuvieran otras familias?
-Los hombres cuando se enamoran tiranizan a una. Alzan la voz y dicen groserías. La esposa era la madre de sus hijos, era una representación social. Fuera del hogar tenían hasta dos queridas. Una porque era muy bonita. La otra porque era muy puta. Esa era una situación generalizada. Algunos eran prudentes y no tenían hijos en la calle. Pero a otros no les importaba. Y aquello era triste. Las mujeres teníamos que ser hipócritas. Hacerles creer que los queríamos mucho, aunque no fuera tanto. Una no iba a desbaratar su hogar y quitarle el bienestar a sus hijos.

-¿Qué política usaban las mujeres para retener a sus esposos?

-Se hacían las inocentes, se amigaban a las novias de turno, las invitaban al hogar a almorzar, sin recriminar nada, para hacerlos sentir culpables y apocados. A los hombres hay que disminuirlos, hacerlos sentir bajitos. Pero sin mostrarles ira ni rencor. Eso dolía mucho, pero había que aguantar y no pensar nunca en un divorcio. Había que usar la inteligencia y adaptarse. Cada vez que regresaba de Chicago lo que más me impresionaba era el progreso de la mujer dominicana. La veía cada vez más presumida y educada. Antes las dominicanas nada más eran madres. Se aislaban de sus maridos para ser mamás. Pero la mujer dio un salto. Ahora aspiran a sobresalir. Estar sólo con los hijos era un atraso. En Santiago, era común que las ‘amigas’ se aparecieran en coche en la casa para avisar cuando el marido de una estaba en el cementerio besuqueándose con otra. A las mujeres nos irrespetaban. La memoria de mi padre es más sagrada que la de mi marido. Por eso, quizás, nunca quise a nadie como a mi papá.


De las pocas imagenes del ayer que conserva Emilia (Millo) de Lara en su álbum de recuerdos destaca esta foto-postal enviada desde Venecia, Italia, en 1927, por su amiga María Asencio, quien figura junto a su esposo Eduardo León.







Emilia de Lara en 1920 en un baile de carnaval en el Centro de Recreo de Santiago. La noche de la fiesta fue proclamada como "La reina del Viaducto", en reconocimiento a su original atuendo.






Víctima de un capricho del tirano
Lina Lovatón, la reina del carnaval del 1937, hija mimada del respetado magistrado Ramón O. Lovatón, miembro de una distinguida familia capitaleña, fue convertida en la querida de Rafael L. Trujillo. Se asegura que fue de las pocas mujeres de las que el tirano se enamoró al punto que tuvo dos hijos con ella, a los que reconoció. Los celos de María Martínez de Trujillo fueron tan terribles que pidió su cabeza, lo que obligó al tirano a instalar a Lina en Miami para conservarla con vida. Otras muchachas, de familias con prestigio, sucumbieron ante el erotismo del jefe.



El cementerio de Santiago de inicios del siglo. Habitual escenario de citas y amores prohibidos. Estación de Santiago del ferrocarril Central en 1920.

La diplomacia de la estrechez
Desde 1946 al 1957, Federico Augusto Paulino y su esposa Emilia de Lara ocuparon el Consulado General de Chicago. Cuando el doctor Joaquín Balaguer asumió la Presidencia en 1966, los Paulino-de Lara volvieron a ser designados en el cargo. Permanecieron en el puesto hasta hasta mediados de los setentas.
‘Balaguer nos nombró porque tenía deudas con nosotros. Las familias Paulino y Balaguer eran amigas. Mi suegra, doña Ritica, me mandaba a llevarle la comida cuando Balaguer aún era estudiante y éramos vecinos. Hablaba poco, tan poco que cuando iba con la bandeja sólo me decía, ‘muchas gracias’.
‘El Balaguer de esa época era ‘apastado’. Era una potencia de inteligencia, pero nunca lo demostró. Era muy humilde. Antes visitaba su casa de vez en cuando, pero no volví después que se asoció con esos amigos. Esas personas que lo rodean están desacreditadas y no son sus compañeros. Eso no me lo explico.
Cuando llegamos a Chicago nadie conocía a la República Dominicana. Nunca pudimos celebrar una recepción, porque hubiésemos gastado el salario del mes. Pese a eso fuimos muy agasajados, nos nombraron decanos de la diplomacia en Chicago. Hicimos lo máximo para que el país quedara bien. Asistíamos a muchas recepciones y la gente elogiaba mis trajes. Yo lo explicaba diciendo que eso era ‘Relaciones Exteriores’. Yo misma los confeccionaba. Si decía la verdad, quedaría muy bien, pero mi país quedaría mal. Y lo importante era el país. Las gente preguntaba, ‘where do you live?’, querían saber dónde vivía uno. Para representar el país hay que ser cuidadoso y no mudarse en cualquier sitio. Hay que buscar un lugar representativo. Vivíamos en el ‘northside’, uno de los mejores sectores de Chicago, pero gastábamos casi todo el sueldo en la renta por lo que tuve que salir a trabajar. Pero para ello, no era la esposa del cónsul, sino alguien que fue a vivir allá.
‘Nuestras tres hijas se casaron con extranjeros. Después de eso, Tuto, mi esposo, quería regresar al país. Al principio rehusé porque la mayoría de mis amigas en Santiago habían muerto. Murió María Ascencio de León, María Grisser, María Pichardo de Dumit y Victoria Peralta, la mamá de Aída Bonnelly y la ruletica, Idelissa. Pensaba que no iba a tener ambiente, pero estoy feliz con mis sobrinas y tanta gente que me quiere.







Memorias del Siglo
1900
La Moca de inicios de siglo, de acuerdo a Julio Jaime Julia, no pasaba de 4,000 habitantes. Tenía un Palacio Municipal, un mercado público, dos parques, el Teatro Colón, un Club Recreativo y uno de Damas. La iglesia Nuestra Señora del Rosario todavía estaba en construcción. Moca estaba unida a Santiago y Puerto Plata por el ferrocarril. Tenía comunicación telefónica y telegráfica. Sus principales productos de exportación eran cacao, tabaco, café, pieles de res y de cabra, cera y algodón. Era fama, ya en 1900, que en Moca no había un palmo de tierra baldía. OJO: Humberto poner foto antigua de Moca. 1915
Manuel de Jesús Viñas, se encontraba entre los pocos abogados. Los notarios eran Felipe A. Cartagena y Julio Sánchez Gil. Los médicos eran Gabriel E. Guerrero y José Piantini. Los farmaceúticos eran Guarionex Llinás, Manuel María Sanabia y Fenelón Michel, quienes a su vez eran los propietarios de las farmacias El Carmen, El progreso y Nuestra Señora del Rosario, respectivamente. 1916
Los exportadores de productos eran Sadik Baba; José Brache; José Abraham y hermanos; Manuel Cabrera hijo; José Canahuate; Jorge Dabas; Lara y Compañía; Jacobo de Lara Sucesores; Teófilo Lulo; José María Michel y José Michel. Los detallistas eran José Abraham y hermanos; Isaías Azar; Sadik Baba; José Brache; Manuel Cabrera; José Canahuate; Hermanos Carram; Chucri y Gabriel Khouri; Jorge, Salomón, Julián, Abraham y Bichara Dabas; Leopoldo Comprés; Manuel Díaz; Jacobo de Lara y sucesores; Lara y Belliard; Conrado Pellerano y Compañía; Doroteo A. Rodríguez; Benigno Rojas y Pablo Tactuk, entre otros.
1918
Las fábricas de cigarros pertenecían a José María Michel, Fenelón Michel y Pedro Ramírez. Las de gaseosas eran La Tropical de Arístides Rojas y la de Delfín Pérez. El propietario de la fábrica de hielo era Rafael E. Rojas. Los propietarios de las fábricas de chocolate eran Dulis Michel y Pedro Pérez. La panadería existente era de José M. Alvarez. Las relojerías eran de Silvano Guzmán y Antonio Viñas. Las sastrerías existentes eran El Buen Gusto de Elías Pacheco, El Combate, de Sebuto González. Las sastrerías eran de Eulalio Olmeda, Francisco Badía, Blas de la Maza, Elías Pacheco y Marcelino Frías. Las barberías eran El Fígaro de Marecelino Frías, La Aurora, de José Morel, entre otras. Las modistas eran Dolores Guzmán, Eugenia Michel, Fidelia y Salomé Sánchez. 1920
Fernando de Lara, fallecido en 1927, publicó en 1920 un artículo titulado ¿Qué haremos de nuestros hijos?: ‘Cuando palpamos las necesidades que imponenen la civilización y el progreso, las exigencias que imperan en la sociedad que llamamos culta, el irreflexivo estar a la moda, sin poderlo; la tendencia al sibaratismo enervante; la inclinación a vivir del Presupuesto de la Nación; la propensión de la juventud a parangonarse con el potentado, cuando observamos el prematuro figurar en los costosos círculos sociales, cuando vemos escapar la sencillez de nuestras costumbres nos preguntamos ¿qué haremos de nuestros hijos en este medio irregular?’’. Fernando de Lara, fallecido en 1927.
1926
En ese año las damas mocanas fundaron la sociedad femenina ‘No más monotonía’. Sus animadoras fueron Ana Rojas, Emma Rojas y Luisa Alvarez. En 1928 se formó el Comité Pro-Día de las Madres. Estuvo presidido por Clementina de Sanabia e integrado por María Alvarez, Bienvenida de Espaillat, Emilia de Cabrera, Tula del Rosario, Aminta de Michel, Sadika de Canahuate, Mercedes de Sosa, Mercedes de Belliard, Paula Ramírez, Fanny de Cervantes, Dolores viuda Rojas, Alicia de Hernández, Emilia de Ramírez y Emilia de Guzmán. (Poner foto de Moca correspondiente al año 1926).
1929
El secuestro de Ozema Petit en Montecristi para abusar de ella sexualmente, junto a sus hermanas Lucila y Eva Matilde, el 29 de diciembre de 1929, fue una de las clarinadas de lo que habría de ocurrir durante la Era de Trujillo. El mayor Ernesto Pérez las secuestró, con el apoyo de Rafael Leonidas Trujillo, lo que provocó la primera intervención del Cuerpo Diplomático acreditado en el país, y luego la salida de la familia Petit, la que, sintiéndose insegura y atropellada, abandonó para siempre el suelo natal. El padre de Ozema era Achille Petit, un próspero comerciante y cónsul honorario de varias naciones europeas. Los detalles del atropello fueron publicados en la prensa. Los que apoyaron a Trujillo no podían alegar ignorancia. Fuente: Miguel Holguín Veras, Juro que sabré vengarme.
1937
Lina Lovatón, la atractiva reina del carnaval de 1937, hija mimada de una distinguida familia capitaleña, fue convertida en la querida de Rafael L. Trujillo. Se asegura que fue de las pocas mujeres de la que el tirano se enamoró, al punto que tuvo un hijo con ella, al que le puso su nombre y reconoció. Los celos de María Martínez de Trujillo fueron tan terribles que pidió su cabeza, lo que obligó al tirano a sacarla del país para conservarla con vida. La señora Lovatón reside en Miami, Estados Unidos.













ESTA ES LA PAGINA WEB LA FIESTA DEL CHIVO
La expedición de Luperón contra
Trujillo chocó con numerosos inconvenientes
Sólo la tenacidad y la decisión de venir a luchar por terminar con la tiranía que desde el 1930 imponía Rafael Trujillo sobre la República Dominicana, hizo posible que los protagonistas de la expedición que el 19 de junio de 1949 llegó a la bahía de Luperón, perseveraran en su empeño.

Los tropiezos iniciales fueron tantos, que cualquier voluntad común hubiese flaqueado y desistido del propósito expedicionario. Esto, si se tiene en cuenta que de los seis aviones que, según se dijo, salieron a Guatemala, cuatro debieron interrumpir su viaje y hacer aterrizajes forzosos.
Cooperación internacional
Un factor importante para que los expedicionarios lograran preparar su acción histórica, lo constituyó entonces el hecho de que varios gobiernos de América hicieran suya la agonía del pueblo dominicano y brindaran activa solidaridad a los luchadores antitrujillistas del exilio.
Trujillo, que a lo largo del tiempo había tenido que enfrentar las presiones internacionales, especialmente intensificadas después de la matanza de los 17 mil haitianos dispuesta por él en octubre de 1937, vio que la situación internacional se le empeoraba, debido a los cambios políticos operados en varios países de la región.
El 10 de octubre de 1944 llegó al poder en Cuba Ramón Grau San Martín, El 5 de marzo de 1945 ascendió a la presidencia de Guatemala Juan José Arévalo, y el 18 de octubre del mismo año, como consecuencia del levantamiento popular que derribó del poder al presidente Isaías Medina Angarita, se instaló una Junta Revolucionaria en Venezuela, presidida por el doctor Rómulo Betancourt. A partir de ahí, en todos estos países, los antitrujillistas, especialmente los del exilio, encontraron una cooperación mucho más amplia y activa.
Bajo los aires de esos cambios se creó la Legión del Caribe, especie de fuerza de choque internacional para la lucha contra las dictaduras en la región. Trujillo era un blanco preciso de esa fuerza y los exiliados dominicanos contaron con la mejor disposición de varios gobiernos y otras fuerzas solidarias con la causa dominicana, especialmente con la del gobierno guatemalteco.
Pudieron concentrar así los exiliados, una fuerza expedicionaria cuya avanzada viajaría en avión con el fin, según la versión oficial dominicana, de desembarcar en diferentes puntos de nuestro país.
Grandes inconvenientes
Según se informó, en la mañana del 19 de junio de 1949, salieron seis aviones con hombres y equipos desde los alrededores del lago Izabal, en Guatemala. Una turbulencia desorganizó prácticamente la flotilla, al obligar a cuatro de los seis aviones a aterrizar forzosamente en territorio mexicano, donde quedaron detenidos.
Sólo dos pudieron continuar ruta hacia su destino. Un hidroavión Catalina y otra aeronave, comandada, según se informó entonces, por el norteamericano Earl Admams, que le servía de escolta al hidroavión. El tropiezo era más que suficiente para que los antitrujillistas variaran su plan original y pospusieran su empeño, pero insistieron, y a prima noche del 19 de junio, el Catalina estaba amarizando en la bahía de Luperón, mientras el avión escolta volaba hacia Cuba.
El desenlace
Los expedicionarios desembarcaron y quisieron poner manos a la obra. Eran 15 hombres, incluyendo los tripulantes del Catalina, y su comandante era el reconocido luchador antitrujillista Horacio Julio Ornes Coiscou, coronel según la jerarquía establecida en la Legión del Caribe.
Contaban con simpatizantes de su causa, pero los más cercanos estaban a más de 60 kilómetros de Luperón, en la ciudad de Puerto Plata, donde dos revolucionarios, Fernando Suárez y Fernando Spignolio, fueron abatidos el mismo día por fuerzas del Ejército. Y al tocar tierra en Luperón, Ornes y sus compañeros no encontraron respaldo entre los habitantes de aquella pequeña villa, sometida como el resto del país, al imperio del terror y la confusión impuestos por las atrocidades y la propaganda del gobierno.
Murieron en las primeras acciones, los tres tripulantes del Catalina, los norteamericanos John M. Chewing, George Raymund Sesuggs y Habbet Jhosep Warrat; lo mismo que los combatientes antitrujillistas dominicanos Hugo Kunhart, Salvador Reyes Valdez, Alejandro -Gugú- Henríquez y Manuel Calderón. E igual suerte corrieron los nicaragüenses Alberto Ramírez y Alejandro Selva, y el costarricense Alfonso Leyton.
Hubo cinco prisioneros. El coronel Ornes, jefe de la guerrilla, así como Tulio Hostilio Arvelo, José Rolando Martínez Bonilla, Miguel Angel Feliú Arzeno y el nicaragüense José Félix Córdova Boniche.
Al igual que en la acción histórica del 14 de junio de 1959, también en Luperón, la sangre de extranjeros solidarios con la causa de la libertad de nuestro país, se mezcló heróicamente con la de los combatientes dominicanos.
Como era habitual en casos como este, la propaganda trujillista proclamó la eternidad de Trujillo y su tiranía, y al mismo tiempo llenó de improperios ultrajantes a los expedicionarios, pero el tiempo probó que Trujillo y su régimen tenían fin y, en cambio, colocó en el lugar merecido a los héroes y mártires de Luperón que, 51 años después de su acción, son recordados por la actual generación de dominicanos. El 39 aniversario de la caída de Trujillo
encuentra al tema resucitado y candente
En un momento de furor en torno al tema de Trujillo, llega un aniversario más de aquella noche del 30 de mayo de 1961 cuando un grupo de valientes puso fin a 30 años de horror para toda una población, quitándole la vida a tiros al responsable en su trayecto hacia su natal San Cristóbal.

VIVIAN JIMENEZ
Mañana, martes 30 de mayo, se cumplen 39 años del ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo. Pero éste, no será un aniversario más, que pasará sin pena ni gloria con reportajes especiales recordando la fecha y olvidados al día siguiente, los tradicionales homenajes a los héroes y quizás una inconcebible pero posible misa de sus descendientes o acólitos en su memoria.
Este aniversario, encuentra al tema resucitado y candente, con familias de los ajusticiadores disgustadas, declaraciones airadas de parientes del tirano, un sobreviviente que no quiere tocar del tema, nuevas versiones de los acontecimientos y gran parte del mundo hablando, debatiendo o leyendo, como si hubiera sido ayer, sobre la Era de Trujillo.
Todo por ‘‘obra y gracia’’ de la Fiesta del Chivo, la polémica versión novelada de los últimos días del tirano, de la autoría del célebre escritor Mario Vargas Llosa. Verdad o ficción, lo relatado en la citada obra ha puesto el tema en debate desde el pasado 24 de marzo, fecha en que fue puesto a circular el libro aquí. El 26 de abril, el propio autor encabezó la presentación de la obra en el país, dentro de las actividades de la Feria del Libro, y hubo de contar con agentes de seguridad para protegerlo de posibles atentados.
Y es en medio de este furor en torno a Trujillo, cuando llega un aniversario más de aquella noche del 30 de mayo de 1961 cuando un grupo de valientes puso fin a 31 años de horror para toda una población, quitándole la vida a tiros al responsable en su trayecto hacia su natal San Cristóbal.
Antonio de la Maza Vásquez, Tunti Cáceres, Modesto Díaz, Luis Amiama Tió, Huáscar Tejada, Pedro Livio Cedeño, Salvador Estrella Sadhalá, Amado García Guerrero, Roberto Pastoriza y Antonio Imbert Barreras, el único sobreviviente, pusieron el punto final a una larga sucesión de conspiraciones fallidas, desconectadas entre sí pero encaminadas hacia el mismo objetivo: decapitar a aquel régimen de horror que había comenzado el 16 de Agosto de 1930.
El grupo, estaba conformado por varios miembros de los cuerpos militares, civiles y conocidos miembros de familias dominicanas, encabezados por el general José René Román, quien acompañaba a Trujillo en la Base Aérea de San Isidro el mismo día de su muerte.
La mayoría de este grupo fue salvajemente asesinado en la Hacienda María, residencia campestre del hijo del sátrapa, Ramfis Trujillo, y hoy el único sobreviviente es el general Antonio Imbert Barreras.
El general Román, propio secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, era el hombre-eje del complot quien, muerto Trujillo, y de acuerdo al plan, debía poner al servicio del movimiento todo el poderío que le confería su cargo. Pero sus instrucciones fueron desobedecidas y ante el sesgo que tomó la situación, vaciló. Quiso entonces despejar sospechas y persiguió a los conjurados.
HERIDAS AL ROJO VIVO
Treinta y nueve años no son tantos como para olvidar, curar heridas y despedir hacia el Más Allá a protagonistas, testigos, héroes, víctimas y cómplices, muchos de los cuales siguen ‘‘vivitos y coleando’’, y algunos influyendo en la vida dominicana.
Por eso ha herido las susceptibilidades de algunos la novela de Vargas Llosa, quien presenta presuntas debilidades hasta de los propios héroes y no economiza calificativos crudos para referirse al doctor Joaquín Balaguer, como por ejemplo, ‘‘presidente fantoche’’, ‘‘hombrecillo’’ y ‘‘mero embeleleco’’, los cuales no parecen hacerle mella al ex mandatario, quien se ha limitado a resaltar las dotes de escritor de Vargas Llosa.
Tan flemática reacción no es la que ha tenido la familia de los De la Maza. Altagracia Rúa, viuda de Octavio de la Maza (Tavito), calificó la obra de Vargas Llosa como ‘‘algo peor que el Foro Público’’, en alusión a una columna que utilizaba el tirano para destruir reputaciones.
‘‘Ese libro es una burla a nuestros muertos y al pueblo dominicano, porque tú no le puedes presentar a un pueblo su historia en esa forma, falsa’’, manifestó Altagracia Rúa en declaraciones publicadas el pasado 1 de mayo.
Al parecer, lo que más ha herido a la viuda De la Maza es la implicación de su marido que relata el aludido libro, en el secuestro del escritor vasco Jesús de Galíndez y la desaparición del piloto norteamericano Gerald Murphy.
Otro que ha ‘‘gritado’’ contra el contenido de La Fiesta del Chivo es Ramfis Trujillo Ricart, hijo de Ramfis Trujillo y nieto consentido de ‘‘El Jefe’’, quien calificó la novela como ‘‘una verdadera vergüenza. El no tiene ningún derecho a mancillar nombres y apellidos, pues él es un extranjero y no puede burlarse, con la sola finalidad de beneficiarse económicamente de una historia tan reciente’’.
Trujillo Ricart, quien emergió de las sombras para conceder una entrevista a la revista Ritmo Social, considera que a Vargas Llosa ‘‘se le fue la mano’’ y se pregunta ‘‘¿quién se cree que es, para poner el dedo en la llaga, revivir rencores y honores manchados, mencionar nombres de hoy, damas y señoras, muchas abuelas de familias respetables?’’
Antonio Imbert Barreras no quiere hablar más del tema, según informó una de sus secretarias cuando fue contactado para los fines de este trabajo, mientras que César Estrella Sahdalá calificó de injurioso el contenido de la novela de Vargas Llosa, pero prefirió reservar más detalles para una próxima entrevista.
Los historiadores también se han estado refiriendo al tema últimamente. Uno de ellos es Ramón A. Font Bernard director del Archivo General de la Nación, de donde se nutrió Vargas Llosa para escribir su novela. Considera que en ésta se agravia sin ninguna justificación a muchas figuras dominicanas y que se hacen referencias personales de situaciones que todavía están por comprobarse.
Está claro que 39 años no ha sido tiempo suficiente para borrar no sólo heridas, sino también restos de la herencia autoritaria, como son ciertos rasgos autocráticos en la clase política, entre los que sobresalen la intolerancia y la centralización.
El germen del ajusticiamiento, según Balaguer
Si bien Trujillo no sospechó lo que le deparaba aquel 30 de mayo, Joaquín Balaguer, a la sazón Presidente de la República, sí se lo esperaba. Por lo menos, eso se desprende de lo expresado en su libro ‘‘La Palabra Encadenada’’, específicamente en el capítulo titulado ‘‘El Comienzo del Fin’’.
Balaguer sospechó desde la reunión que sostuviera Trujillo con Antonio de la Maza, hermano del piloto Octavio de la Maza, a quien se le vinculaba con la desaparición del también piloto norteamericano Gerald Murphy.
A Trujillo le procupaba el escándalo ocasionado por la desaparición de Murphy, y los reclamos de esclarecimiento del caso por parte de la Embajada de los Estados Unidos. Octavio de la Maza fue hecho preso y varias semanas después, su cadáver fue hallado en prisión pendiendo de un tubo del baño, acompañado de una nota en la que supuestamente se declaraba culpable de la muerte de Murphy, quien era su compañero en la Compañía Dominicana de Aviación, porque supuestamente éste le había hecho propuestas homosexuales.
En la reunión aludida por Balaguer entre Trujillo y Antonio de la Maza, el tirano hizo llamar a Luis Rodríguez Bergés, a quien instruyó para que se concertara con De la Maza un contrato para la construcción de unos caminos carreteros y se le hiciera el avance correspondiente.
‘‘Antes de que concluyera esa entrevista -dice Balaguer en su libro- la cual no dejó de provocar inquietud en el seno de los encargados de la seguridad personal de Trujillo así como de cuantos laborábamos en el Palacio Nacional como funcionarios cercanos al dictador, fui llamado por Trujillo para pedirme que mostrara a Antonio de la Maza las particularidades más señaladas del expediente relativo al presunto suicidio de su hermano’’.
‘‘De la conversación de Antonio de la Maza deduje que el hombre, aparentemente sereno, no había creído lo que le expresó Trujillo durante la entrevista que habían celebrado unos minutos antes. Su forma de ojear el expediente y la sonrisa entre triste y amarga con que subrayó sus palabras al despedirse, dejaron en mi ánimo la impresión de que el drama que había costado la vida de Gerald Murphy y a Octavio de la Maza no había aún concluido’’, expresa Balaguer.
‘‘La idea de un complot para eliminar físicamente a Trujillo, debió germinar entonces en la mente y en el corazón de este hombre injustamente agraviado, herido en lo más hondo y en lo más delicado de sus sentimientos fraternales, su acercamiento a otros personajes que habían también recibido del dictador agravios de consideración, aunque mucho menos graves que los que recibió Antonio de la Maza, lo puso en camino hacia el tiranicidio’’.
Esta es la única alusión pública que se conoce de Balaguer sobre los hechos que desencadenaron en el ajusticiamiento del tirano.






Ni Trujillo pudo con la oligarquía

Miles H. Davidson, un gringo dominicano, autor del libro "¿Quién es Quién? en República Dominicana", publicado en 1975, solía "entrenar" a los gerentes de bancos extranjeros y miembros de algunas embajadas, a cómo sobrevivir en el sistema.
El 1 de septiembre de 1939, Hitler invadió Polonia. El Reino Unido y Francia declararon de inmediato la guerra a Alemania. Italia se sumó al conflicto, al lado de Alemania, en junio de 1940. El 21 de junio de 1941, Alemania invadió la URSS.
La conflagración cambió la vida de millones de personas. También la de Miles H. Davidson. Abandonó la universidad y engrosó las filas de "Figth for Freedom", grupo de presión alentado por el Partido Demócrata que favorecía que Estados Unidos entrara a la guerra. Las habilidades de Davidson para sabotear las actividades de "America First'', el grupo opuesto a participar en la contienda, afín a los republicanos, fueron notorias. El 7 de diciembre de 1941, Japón -que desde 1937 había invadido China- atacó la flota norteamericana del Pacífico, en Pearl Harbor. Se acabó la discusión. Estados Unidos entró en guerra y Miles Davidson fue enviado a Londres como miembro de los servicios de inteligencia. La experiencia lo marcó. Terminada la guerra, regresó a República Dominicana en 1946.
Atrincherado en su biblioteca, Miles H. Davidson, casi de 80 años, hojea el compendio de cómo un grupo de dominicanos y extranjeros estafaron al Estado, endeudando al país al final del siglo pasado. Sonríe. Y comenta: "En la Era de Trujillo, como no podía escribirse de nada, personas como Emilio Rodríguez Demorizzi dedicaron su vida a recopilar información valiosa''.
Cáustico, sentencia: "La verdadera historia de este siglo, difícilmente será escrita. Por ejemplo, algunos de los amigos que acompañaban a Ramfis Trujillo Martínez en actividades non sanctas, son accionistas de importantes empresas de este país. Nadie escribirá una línea. Y, si lo hacen, hasta los nietos de quien lo escriba, serán malditos. Es algo que las embajadas nunca entienden de los dominicanos. En este país, no hay enemigos. Todos, son amigos, o familias de todos. Por eso cuando la Segunda Guerra, Trujillo jugó con Dios y el Diablo: Intentó abastecer de combustible a los submarinos alemanes.
"Por eso, -entiende- las grandes familias procuran colocar a cada hijo o miembro del clan familiar, en un partido político diferente. Estudia a los Bonetti, ellos reflejan lo típico de República Dominicana. Nadie dio más dinero que ellos a José Francisco Peña Gómez. Así, si el PRD ganaba, ellos aseguraban su cuota en ese gobierno. Ese comportamiento caracteriza a la mayoría de las familias con grandes intereses económicos''.
-¿Qué pasó cuando regresó en 1946?
-Vine para ver si hacía negocios, no sabía lo malo que estaba esto. Acababa de perder cuatro años peleando contra Hitler y Trujillo era un pequeño Hitler. De todos modos, tuve que salir 'juyendo'. Vine soltero y me acosaban, los padres, más que las muchachas. En esa época un marido gringo era considerado un premio. Tommy Stocker, un segundo teniente en el Navy se casó con una gran dama de sociedad; Patrick Hughson, ex-presidente de la Cámara Americana de Comercio, era sólo un sargento y se casó con una Michelena. Ellos fueron enviados aquí para impedir que Trujillo ayudara a Hitler.

-¿Cuándo volvió?
-Creo que en 1956. En 1957 o 1958 me convertí en gerente de ventas en Implementos y Maquinarias, (IMCA), sociedad formada por miembros de los grupos tradicionales, ésta enfrentaba el riesgo de perder las representaciones de líneas como Caterpillar Tractor, John Deere, Westinghouse, The Raleigh, Hyster, etc. Un día la secretaria del gerente-accionista, me comentó, "Mister Davidson, qué haremos ahora cuando Santoni se vaya a Europa? No habrá quién firme cheques''. Pregunté a Baby Ricart y Fello Esteva, pero nadie sabía nada. En su ausencia rompí el récord de ventas. La junta directiva se reunió para repartir los beneficios. Baby Ricart, que era presidente del Consejo (Directivo) y no había pisado el edificio en un año, recibió unos 80 mil dólares. A Santoni que estaba en Europa le tocaron unos 40 mil. Esteva recibió la encomienda de agradecerme esas ventas extraordinarias. Habló maravillas. Pero sólo me gratificaron con tres mil dólares. Renuncié ese día. Arturo Gigante (actual propietario de Argico), me sustituyó. Posteriormente, a él le hicieron lo mismo. Salió de allí y un tiempo después instaló su negocio. La explotación del empresario dominicano, en general, es tan grande, que provoca que la aspiración de las mayorías sea tener su propio negocio. Algunas de las grandes familias están formadas por incapacitados, una vez que los viejos mueren, se hunden. En el siglo pasado, cuando las empresas de Estados Unidos crecían rápido y la gente se hacía millonaria, se popularizó la frase que podría describir la situación dominicana: "from shirtsleeves to shortsleeves in three generations''. En tres generaciones no tendrán nada''.


"La preciosa Angelita I (Trujillo), Reina de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, también asistió a la espléndida recepción ofrecida por el genral Valin en el Hotel Paz. La acompañan algunas damas y caballeros de su corte honor". Pie original publicado en el "Album de Oro", de la Feria de la Paz, editado en 1956.


-Cuando los jóvenes de las familias adineradas empezaron a estudiar en el exterior, ¿se produjo un cambio de mentalidad en el empresariado criollo?
-Existen familias que por tres generaciones han enviado a sus hijos a secundarias y universidades de primera clase en los Estados Unidos. Tres generaciones de Tavares, por ejemplo, egresaron de Yale. Los Vicini estudiaron en el Massachusetts Institute of Technoligies (MIT), pero a la hora de tomar decisiones, el peso de la cultura dominicana los aplasta.

-¿Qué pasó después que mataron a Trujillo?
-El grupo de siempre se repartió lo que quedó. Los políticos han sido pragmáticos repartiendo los bienes del país entre ellos mismos y sus amistades. No vendieron bienes de Trujillo a sus familiares. Los regalaron. Aquí no se puede hablar de esas cosas, porque todos están comprometidos o relacionados.hacía accionistas. Pero, oh, milagros del Señor!, ellos se convirtieron en los únicos dueños. Eso fue una revolución pacífica. Trujillo muerto, todo se repartió entre los que se beneficiaron de la dictadura y los antiguos socios del régimen.

-De la lucha del pueblo por la democracia, ¿qué recuerda?
-Don Rafael Bonnelly y su grupo creyó que por ser miembros de la oligarquía y representar una corriente en contra de un socialista como Juan Bosch, el pueblo los preferiría a ellos. Por encargo de Gianni Vicini acababa de recorrer el interior del país, por razones ajenas a la política. Pero, aproveché para averiguar las preferencias de la gente. Fui invitado a una cena donde se encontraban los Bonnelly y cometí el error de comentar que Bosch ganaría. Uno de los asistentes me advirtió que lo primero que harían cuando fueran gobierno, sería sacarme del país. Después de las elecciones coincidí con Bonnelly y su esposa, en el mismo avión. La gente les saludaba y oí veinte veces lo mismo: "Nosotros no perdimos. Esa gente de la calle, robaron las elecciones'. Esa era la mentalidad. Nadie pierde las elecciones en República Dominicana. No aceptaban que el pueblo no quisiera saber, en ese momento, de esa oligarquía.

-La gente del campo, ¿tenían criterio? ¿eran tan atrasadas cómo dicen?
-Los campesinos sabían mucho. Habían vivido siempre en dictaduras, porque acuérdate que Báez, Luperón y Lilís no fueron santos. Aprendieron a proteger sus intereses. Las informaciones y los rumores circulaban, de modo, que todos se las arreglaban para saber siempre qué pasaba.

-¿Cuáles eran sus funciones con los Vicini en esa época?
-Era una especie de consultor y ellos, uno de mis clientes. Después me contrataron permanentemente. Cuando eso (en los sesenta) cometí uno de los errores más grande. Una gringada: sugerí vender el negocio del café. De todas las empresas, era la única que dejaba pérdidas. Contraté a un gerente cubano, para manejarlo. De repente el café empezó a dar beneficios. El cubano había descubierto lo que hacían los otros. Lo mezclaban con harina y él empezó a hacer lo mismo. Ese era el milagro. Decidí no competir en base a vender harina por café. Vendimos la compañía de gas, porque, en vez de comprarlos, la competencia robaba nuestros cilindros. Nos arreglamos. La competencia adquirió toda nuestra existencia de cilindros y salimos de ese problema. Los negocios son terriblemente sucios. Asistí a una reunión convocada por Balaguer con los importadores de automóviles, cuando había pocos autos en este país. Los chóferes se quejaban del costo de los respuestos y gestaban huelgas. Los costos eran tan altos que no podían ganarse la vida. Los importadores explotaban al público. Por un momento pensé comprar la distribución de bujías en el país. Pero todo era un asco. Si la factura de la fábrica de bujías decía 45 pesos, por una caja de 24 bujías, al presentar la factura en aduanas, las 24 costaban cinco pesos, pero al venderlo, lo hacían a sobreprecio. Robaban al gobierno y a los chóferes. Los grandes importadores no sabían escribir la palabra aduana.
Davidson rehusa hablar de la ''guerra sucia'', el exterminio de los jóvenes de izquierda, iniciada en 1966 y el papel de los Estados Unidos.
"Hice un estudio para los gobiernos norteamericano y dominicano sobre la industria azucarera, la más importante fuente de ingresos en esa época. Advertí que al menos que se adoptaran medidas drásticas el negocio caería. Cuando sometimos el informe a Balaguer para la reestructuración del Consejo Estatal del Azúcar, costaba unos cuantos millones de pesos. Conseguí que prestaran ese dinero al país, sin intereses por cinco años y al dos y medio por ciento. Pero, Luis Julián Pérez, dijo algo como: "mira, Davidson, cuando ustedes quieran darnos algo, "dénolos". Ahí acabó esa historia. Lo mismo ocurrió cuando Donny (Donald Reid Cabral) fue Presidente de la República. Por cariño a la República, convencí al gobierno de Estados Unidos de facilitar una planta eléctrica flotante. Nosotros (Estados Unidos) teníamos grandes plantas de emergencia en barcos flotantes construidas durante la Segunda Guerra almacenadas como reserva. Los convencí de que la democracia dominicana estaba en tan grave riesgo que era urgente darle uno de esos barcos. Fui a ver a Donny y me mandó donde su ministro de Fomentos. Expliqué que Estados Unidos no cobraría nada, pero tenían que preparar un muelle e instalar conexiones y transformadores, todas esas cosas que cuestan algo de dinero. El ministro reaccionó diciendo algo como: "mira, Miles, no vengas con esas pendejadas, si ustedes quieren darnos eso, vengan y pónganlo aquí. Si no, metánselo por el c...'. Volví a Washington indignado y convencido de que había que olvidarnos de eso.
Davidson sostiene que la verdadera influencia norteamericana en República Dominicana empieza después de la Revolución de 1965. "El gobierno de Estados Unidos decidió modernizar este país para evitar la entrada del comunismo. Se vendieron ellos mismos la idea de que modernización significaba que un país tuviera aviones propios y chimeneas botando humo. Manuel Baquero compró en Barcelona una fábrica de acero cuando España era el país más atrasado de Europa. Los mismos españoles la habían descartado. Los americanos trajeron unos ingenieros de Chicago y encontraron que el sistema era tan antiguo que no existían piezas de repuestos en Estados Unidos. Ellos abandonaron el proyecto. Pero Balaguer convenció a los Vicini para que la asumieran y les facilitó esa industria en 1969. Balaguer necesitaba que la gente que paseaba por el malecón dijera, 'mira, sale humo de esa chimenea. El país progresa'. Balaguer creía en zonas francas y en permitir a los ricos trabajar sin pagar impuestos, para que inviertan. Mira, -enfatiza Davidson- en época de Trujillo la cédula de uno, indicaba lo que se pagaba de impuestos. Un día Baby Ricart y yo tuvimos que sacar nuestras cédulas. Y yo pagaba impuestos cuatro veces más que él. Me dijo, 'gringo, no seas tan pendejo'. Balaguer conoce a su gente y si tu no les permite tener sus monopolios, ellos no caminan. Fue la razón de la ley 269. Es un problema cultural, no sé quien lo arreglará. Es una mentalidad egoísta, darling, así no se hace patria''.
"Durante los Doce Años estuve interesado en la construcción de la autopista Duarte. Los planes no funcionan porque se olvidan del dominicanismo. Pedí a la Harris hacer un estudio para saber cuánto dinero costó la autopista. Los planes eran que la vía fuera por allí, pero la gobernadora de La Vega dijo que fuera por aquí; cuando la modifican, un político quiere que la vía pase más cerca de su finca. Cuando me dieron los resultados del estudio, ellos mismos quedaron con los ojos abiertos. Esa vaina costó más que la extensión de la 95 en la Florida! Hubo sobornos y todo tipo de vaganbunderías. Los políticos, los industriales y los ingenieros se metieron en eso. Y cada uno tenía su propio interés: unos para tener la vía más cerca de sus fincas, otro, porque es dueño de un motel. Cosas así de rídiculas. Los consultores norteamericanos en lugar de terminar su trabajo en tres meses fueron pagados por catorce. No culpo a Balaguer ni a Antonio Guzmán, porque para ellos sobrevivir en sus gobiernos tuvieron que complacer a toda esa gente. Otro dominicanismo consiste en encontrar a la misma gente en la directiva de tres o cuatro bancos''.
"La oligarquía ha abusado de este país durante toda su historia. Es una norma que no hay quien la cambie. Trujillo no la cambió. Se asoció con ellos. Y mantuvieron a Trujillo en el poder. Balaguer se aprovechó de ellos. Después el tigueraje político y económico se adueñó del país. Por eso hay tantos dominicanos serios y bien preparados que no quieren regresar a su país.

1863
Manuel de J. Tavares, Sucs.
"Casa comercial muy fuerte es la de los señores Manuel de J. Tavares Sucs., fundada en 1863. Son importadores y almacenistas, dedicando especial atención al ramo de ferretería, mercancía y provisiones que reciben constantemente de Europa y los Estados Unidos. El radio de acción comercial de los señores Tavares es extenso y abarca grandes y sólidos negocios en toda la República y el exterior. En Santiago son propietarios de establecimientos como La Paloma y El Gallo, acreditadas tiendas de gran movimiento comercial. Al frente de la casa se halla el señor Manuel A. Tavares. La casa ha acreditado con gran éxito el afamado ron Tavares''. Fuente: El libro azul. 1870
Augusto Espaillat Sucs.
"Casa de mucho renombre en el comercio de Santiago y en toda la República. Fue establecida en 1870. La experiencia obtenida por esta casa en los muchos años dedicados al negocio de exportación y ventas al por mayor, le permite elegir los artículos de mejor salida, en los mejores mercados. El mayor cuidado rige en la exactitud de los pesos y medidas, por consiguiente, no hay que temer ningún error en ese sentido. Vende al por mayor artículos para el hogar, para mujeres y niños; perfumería, artículos sanitarios, vajillas y otras mercancías de vidrio y papelería. Como esta casa no efectúa ventas al detalle, sus clientes no tienen que temer ninguna competencia''. Fuente: El libro azul. 1878
Ricart & Compañía
"La casa comercial (situada en Santo Domingo) de los señores Ricart fue fundada en 1878 por don Enrique A. Ricart, su actual comandatario. Socios gerentes son los señores Alfredo Ricart y Leopoldo Olives. La especialidad de la casa son los tejidos importados directamente desde los Estados Unidos y Europa. Cuentan con 16 empleados. Allí se habla español, inglés, francés y alemán. La mencionada casa se encuentra en la calle Colón 15. Los señores Ricart pertenecen a la alta sociedad dominicana, en la que gozan de una estimación muy merecida''. Fuente: El libro azul. (1920)

1895
Marranzini hermanos
"Estos reputados comerciantes (de San Juan de la Maguana) se dedican a la importación y exportación. El establecimiento se fundó en 1895 y se dedica con especialidad al acaparamiento de toda clase de frutos y productos del país. Gerente de la casa es el señor Carlos Marranzini y comanditarios los señores Antonio y Horacio del mismo apellido. Todos figuran en los mejores círculos sociales. Cuentan con diez dependientes y dos agentes viajeros. Representan varias casas de Estados Unidos y Europa. Son propietarios de tres fincas, donde se encuentran unas 500 cabezas de ganado, que se encuentran en los puntos denominados Santomé, Manoguallabo, y Juan de Herrera, regadas por el río San Juan''. Fuente: El libro azul. 1896
V.F. Thomen
"Negociante importador y exportador, establecido en Santiago desde el año 1896. Realiza fuertes compras de tabaco, cacao, café y cueros, que embarca para Europa y Estados Unidos. Su casa comercial está sitada en la calle Comercio esquina 27 de febrero de Santiago. Su teléfono es el número 78. Tiene buenas propiedades y él mismo está al frente de su casa comercial''. Fuente: El libro azul. 1897
J.A. Bermúdez
"La Sin Rival, es una fábrica de licores fundada en 1897, por el sñor J.A. Bermúdez. Disfruta de gran popularidad en el mercado dominicano sus afamadas marcas de ron Palo Viejo y ron Cidra. Esta licorería es regenteada por el propio señor J.A. Bermúdez y figura como apoderado de ella José Ignacio Bermúdez. Tiene doce empleados, 50 operarios y varios agentes viajeros. La casa sostiene correspondencia en español, inglés, francés, e italiano. Hace sus importaciones de los Estados Unidos y Europa. J.A. Bermúdez posee buenas propiedades urbanas y rurales, entre las que se encuentra una finca de caña, situada a una milla de la carretera. La licorería La Sin Rival es uno de los establecimientos industriales de mayor importancia en Santiago''. Fuente: El libro azul.

1897
Brugal & Co.
"Prestigiosa firma comercial y una de las más fuertes de la República. Brugal & Co., establecidos desde el año 1897, como importadores y exportadores y como elaboradores de ron, azúcar y cacao, industrias que han especializado y acreditado en todo el país. Los señores Brugal son los repreentantes de la fábrica de pinturas Sherwin & Williams Co., y de los camiones Jumbo. Son propietarios de buenas casas en Puerto Plata; poseen tres buenas fincas en Bajabonico y Hojas Anchas. Tienen unas 40,000 tareas sembradas de caña, cacao y café, dedicando parte a la crianza de animales. Son dueños de unas 500 cabezas de ganado vacuno''. 1903
José Armenteros & Compañía
"La empresa fue fundada en 1903, se dedica al comercio de importación y exportación de provisiones y mercancías en general. Los socios gerentes son los señores José y Jesús Armenteros y el comanditario don Rafael Reyes Darras.
El señor Armenteros nació en Fermoselle, provincia de Zamora, Castilla la Vieja, España. El 25 de noviembre de 1897 desembarcó en San Pedro de Macorís, desprovisto de recursos, pero lleno de energías y dispuesto a triunfar. La casa comercial de Armenteros figura a la cabeza de las más importantes de esta plaza. Armenteros fue presidente de la Sociedad Española Mutua de Beneficencia, durante los años 1917, 1918 y 1919. Actualmente es presidente del Centro Español''. Fuente: El libro azul. (1920)
1923
Un año antes de concluir la primera ocupación militar de Estados El 8 de noviembre de 1923, los norteamericanos fundaron, con el respaldo de un grupo de hombres de negocios criollos, la Cámara Americana de Comercio. La Primera Ocupación Militar de este siglo finalizaría un año después. Treintaidós empresas fueron las fundadoras, entre ellas, la Santo Domingo Motors, All America Cables & Radio, Víctor. F. Thomén, Munné & Co., Font Gamundi & Co., H.R. Griesser, The Texas Company, J. W. Texaco, Citibank y Central Romana Corporation.
"De izquierda a derecha: DR. Brea Messina, Señora Guerra de Bonetti Burgos y Señora Flor de Oro Trujillo de Brea Messina, al desembarcar del avión de la Panamerican que los condujo a Miami, en su viaje hacia New York, para visitar la Feria Mundial en la gran metropoli americana". Fuente: Cosmopolita, 1939, Archivo de la Nación.















La casa Comercial Guzmán Hermanos (Sucesores de Silvestre Guzmán), fue fundada en la Vega en 1875. Eran importadores y exportadores, con especialidad en la compra y venta de tabaco y cacao. Gráfica de 1920.











La estafa contra el Irving Trust

"El Irving Trust es uno de los bancos que representa al Banco Central. Un empleado de origen dominicano que trabajaba allá (en el Irving) abrió cuentas millonarias falsas. Mucha gente de la clase alta aparecieron en el Irving canjeando cheques de esas cuentas. Fui contratado para investigar ese problema. Era el 1983 o 1984 cuando fui a ver a Bernardo Vega, entonces gobernador del Banco Central, y al presidente de la República, Salvador Jorge Blanco. Les informé sobre la situación. Miembros de la alta sociedad dominicana compraron su participación en la estafa. Si entregabas 100 mil dólares, te devolvían mucho más. Era un buen negocio. Jorge Blanco me mandó a la Policía Nacional. Cuando me reuní con ellos, y expliqué de qué y quiénes se trataba, me dijeron: 'mire, Davidson, usted sabe que no se puede hacer nada, hay demasiada gente importante en esa vaina. No nos meta en ese lío'. Y ahí murió ese caso. El fraude rozó los cien millones de dólares. Para averiguar los nombres de los participantes, cogimos al empleado de origen dominicano del Irving, lo trancamos con los maricones de una cárcel de Nueva York y, como buen dominicano, facilitó los nombres de la gente que compró su participación en la estafa. El jefe del 'negocio' era un pequeño gángster del entorno de Balaguer''.







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Lipe Collado dice que muchos le aconsejaron
que no publicara su libro sobre Trujillo
Como una gran mentira califica el periodista la versión de que Balaguer enfrentó duramente a Trujillo cuando se cuestionó su moral en un foro público.

El periodista, escritor y catedrático universitario Lipe Collado llegó a sentirse como si estuviera realizando más bien ‘‘un trabajo de plomería’’ mientras escribía su último libro ‘‘El Foro Público en la Era de Trujillo’’.
La obra consiste en una recopilación de más de 200 foros públicos, que era una sección del periódico El Caribe que apareció en la Era de Trujillo, en la que, por órdenes del tirano, se denigraba tanto a amigos como a enemigos del régimen. La sensación de este comunicador de que estaba ‘‘trabajando con aguas negras’’ se produce debido a que ‘‘todos se me despegaban, ante lo repelente del tema’’.
El autor resalta que el libro ha servido para desmontar algunas mentiras que se han venido repitiendo, como la de que Joaquín Balaguer, al ser citado en uno de esos foros públicos, enfrentó a Trujillo, a quien le habría advertido que ‘‘usted me ha dado todo, menos la honra, y no puede quitármela’’.
‘‘Eso no puede ser -afirma- nadie pudo hablarle así al tirano y quedar con vida’’. Sostiene que en sus investigaciones no encontró ninguna evidencia de que haya ocurrido algo similar. Resalta que en su libro incluye el foro donde se cuestiona a Balaguer, y además la respuesta que este dio.
A continuación, la primera parte del Desayuno de los Lunes de ULTIMA HORA, donde Collado narra sus experiencias al escribir su nueva obra, que fue una de las más vendidas en la Feria del Libro.
UH: Háblenos de su más reciente obra, El Foro Público en la Era de Trujillo.
LC: Ahí yo reproduzco 243 foros públicos, que para mí son una patentización del elevamiento a la categoría de asunto de Estado del chisme. Esa columna, que califico como una macabra diversión, contaba con una gran lectoría. Se podría decir que era una imposición de la tiranía, pero fue aceptada por los lectores.
UH: ¿A qué atribuye el éxito de venta de la obra?
LC: A que El Foro Público era un tema no develado. Como muchos temas de la tiranía trujillista, se mantuvo en un terreno entre lo no prohibido, pero que no debe ser tocado.
Durante unos 25 años, he sabido de muchas personas que estaban investigando sobre este tema, y que tenían el propósito de escribir sobre eso, y no se decidían a hacerlo. Yo, durante muchos años, he estado muy interesado en el tema y comienzo a estudiarlo con detenimiento a partir de ese enfoque del elevamiento del chisme a la categoría de asuntos de Estado, y finalmente me decidí a dar a la publicidad mi ensayo, con 243 foros públicos, y dentro de aproximadamente un mes sale el tomo número dos, reproduciendo 500 foros públicos.
UH: ¿Alguien le pidió que no publicara ese libro?
LC: Muchas personas me aconsejaron que no me metiera con ese tema, que era delicado, que iba a revivir heridas, insultos a personas que eran antitrujillistas y a otros funcionarios que eran hombres serios, y si no lo fueron, hoy están sus familias vivas.
Llegó un momento en que yo casi me creí lo que ellos se creían. Pero hay una expresión que yo uso con frecuencia y es que de algún modo los que ejercemos el periodismo, y más el tipo de periodismo que tuvimos que ejercer desde el 1965 hasta el final de los super funestos doce años del doctor Joaquín Balaguer, aprendimos a caminar descalzos sobre el filo caliente de una navaja. Trabajando con este libro, me dio la impresión de que estaba haciendo eso, y como estoy acostumbrado, continué, y finalmente dí a la luz pública la obra.
UH: ¿Cómo fue el proceso de investigación y preparación del libro?
LC: La labor de investigación fue una labor pesarosa, y hasta la puesta en circulación del libro también lo fue. En la Biblioteca Nacional a mí se me llegó a prohibir fotocopiar los foros públicos. Luego de varias semanas fotocopiando, se me prohibió continuar porque se podían dañar los periódicos.
Conté luego con la colaboración de Luis José Chávez, que me facilitó las colecciones de El Caribe que están en el archivo del Ayuntamiento del Distrito Nacional, y al final de la investigación, del amigo Font Bernard, que me permitió fotocopiar cuanto yo quisiera de la colección de El Caribe en el Archivo General de la Nación. Aunque, habían unos foros públicos que le habían escrito al doctor Balaguer, y esos nunca los encontré.
UH: ¿Porqué dice que hasta la puesta en circulación fue difícil?
LC: Ocurrió que los encargados de los locales de la zona colonial comunicaron que el lugar no era apropiado para poner un libro en circulación sobre ese tema. Finalmente lo hicimos en el Museo de Historia y Geografía, que yo no veo qué diferencia hay.
Hasta la encargada de la distribución, mi amiga Virtudes Uribe, el día de la puesta en circulación, no subió a la mesa principal. Dos presentadores, que se habían comprometido a presentar el libro, se devolvieron. Un tercero, al cual se le tanteó, en principio no ofreció resistencia, pero luego usó una expresión como que había mucho estiércol ahí.
UH: ¿Pero porqué todas esas reacciones y actitudes con relación a esta obra?
LC: Yo no quiero acusar a nadie de nada, sino confirmar que yo caminaba descalzo sobre el filo caliente de una navaja. Ese es un tema repelente, un tema que no es fácil ponerle la mano.
Es como un trabajador de plomería, que tiene que hacer su trabajo en aguas negras de un sistema sanitario que se ha trancado. Yo me sentía así, y todo el mundo, como era de esperar, se despegaba. La gente no dejaba de tener razón, pero alguien tenía que atreverse y yo me atreví. Y era más la sugestión hipnótica alrededor del tema que las posibilidades de consecuencias negativas.
UH: Pero, ciertamente, en el libro pueden aparecer difamaciones, ¿cómo se las arregla para no dañar a nadie?
LC: Traté de darle un enfoque edificante, que las personas que eran antitrujillistas que aparecen ahí, que eso no sirviera para reabrir las heridas que quisieron inferirles. Por eso tiene anotaciones diciendo que difaman a este, difaman al otro, se pone una nota, diciendo que era por su labor trujillista.
CASO BALAGUER
UH: ¿Cuál fue el foro público más famoso de todos?
LC: El que fue escrito contra el doctor Balaguer, donde se le acusa de canongías, de recibir beneficios indebidos en la contratación para la construcción de palacios escolares mientras él fue secretario de Educación.
El responde que esos contratos se hicieron en el Palacio Nacional, a muy bajo costo, y en su respuesta, hay una parte que realmente puede ser resaltada en favor suya, en la que él dice que es al Poder Ejecutivo al que le toca ordenar o no que se incoe el expediente de rigor, o sea, si él debe ser sometido a la justicia. Eso no era todo el mundo que podía decírselo a Trujillo, pero esa es toda la respuesta del doctor Balaguer.
UH: Entonces no es cierto que el doctor Balaguer enfrentó a Trujillo a raiz de la publicación de ese foro?
LC: Ese caso es una confirmación de esa epidemia social que es la mentira, esa tendencia a mentir. Hay personas que viven aquí en un mundo de mentiras, que se bañan en un mar de mentiras, y que nadan entre las mentiras, y llega un momento en que no pueden distinguir entre la mentira y la verdad.
Alrededor de ese Foro Público yo he escuchado muchas mentiras, que Balaguer le respondió en una forma excesivamente valiente a Trujillo, que le dijo que él le había dado todo menos su honra, y que por lo tanto él no podía quitársela. Cuando yo investigo, no hay nada de eso, porque eso no es posible, decirle eso al tirano Trujillo, y quedar con vida. Yo tenía bastante tiempo persiguiendo una mentira. Y eso lo andan repitiendo por ahí.
Entonces, esa fantasía, basada en una mentira, que yo perseguí pensando que era verdad, aparece destruída en esta obra, al reproducir el foro público que le publicaron a Balaguer, y su respuesta. Y hay otros foros públicos, donde hablaban de él, pero sin identificarlo por su nombre, porque eso se usaba bastante, se atacaba a personas y no se citaban por sus nombres.
Pie de foto: El comunicador dice que prosiguió con su obra porque está acostumbrado a ‘‘caminar descalzo sobre el filo caliente de una navaja’’.













Font Bernard niega informara a Vargas Llosa


Ramón A. Font Bernard, director del Archivo General de la Nación, negó hoy haber ofrecido informes al escritor Mario Vargas Llosa para la novela sobre la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, "La Fiesta del Chivo", en la que observó infamias contra el expresidente Joaquín Balaguer.
Aclaró que sólo dio facilidades en el Archivo General de la Nación, como la instalación de una oficina y publicaciones de la Era de Trujillo, por órdenes superiores.

El funcionario y escritor, amigo del expresidente Balaguer, reaccionó luego que el autor de la controversial novela, durante la puesta en circulación de la obra el pasado miércoles, le agradeciera varias veces su alegada colaboración.

Font Bernard comentó a Orlando Gil y Héctor Tineo en el programa Visión del canal 27, que Vargas Llosa es injusto al referirse a Balaguer como "el malvado" de "La Fiesta del Chivo".

Opinó que muchos de los datos de la novela "tienen nombres propios" y alegadamente fueron ofrecidos por "gente con mucho resentimiento social".

Destacó que Balaguer fue el único que durante la dictadura respondió ataques de la columna insidiosa Foro Público, del periódico El Caribe, donde se le acusó de la supuesta malversación de fondos de la construcción del Palacio de Bellas Artes.

Resaltó que el exmandatario estuvo ocho años como embajador en diferentes países porque









alegadamente cayó en desgracia en la tiranía.
Dijo que Trujillo, a quien atribuyó haber enriquecido a muchos dominicanos en la dictadura, aún después de muerto deja beneficios con las ventas de libros en los que aparece como personaje central.

Expresó que el registro personal de Trujillo está incompleto en el Archivo General de la Nación, porque alegadamente fue saqueado cuando lo trasladaron desde el Palacio Nacional.

Manifestó que el archivo del tirano "llegó menguado" porque "cada quien cogió lo que le interesaba" o entendía podía afectar sus intereses.

Dijo que parte de esos datos aparecen unicamente en un libro escrito por un historiador dominicano que aseguró revisó los archivos personales de Trujillo autorizado por el expresidente Salvador Jorge Blanco durante su mandato.

Rehusó mencionar el nombre del escritor pero mostró rapidamente el libro en el programa, pero aclaró que no desea reflejar en su comentario una acusación contra ese historiador.

Narró que Trujillo, a quien consideró morboso, perverso, capaz de cualquier cosa e impredecible, se embriagaba, ponía a bailar a dos hombres y hacía levantar las faldas de mujeres para verles las partes íntimas.










De visita en Argentina para presentar su última novela ‘‘La Fiesta del Chivo’’, el escritor peruano Mario Vargas Llosa afirmó que para escribir su obra necesitó ‘‘documentarse para mentir con conocimiento de causa’’.
Vargas Llosa admite que mintió ‘‘con conocimiento de causa’’




De visita en Argentina para presentar su última novela ‘‘La Fiesta del Chivo’’, el escritor peruano Mario Vargas Llosa afirmó que para escribir su obra necesitó ‘‘documentarse para mentir con conocimiento de causa’’.
En una entrevista publicada ayer martes en el diario neoliberal Ambito Financiero, Vargas Llosa aseguró que la dictadura de Leónidas Trujillo, quien fue presidente dominicano (1930-38 y 1942-52), sucedido por su hermano Héctor (1952 al 1962), fue ‘‘la cosa más anacrónica del mundo’’ que sin embargo, avivó su imaginación.
El escritor peruano es una de las más famosas personalidades de la literatura mundial que llegaron a Buenos Aires, invitadas en el marco de la Feria Internacional del Libro, que se prolongará hasta el 8 de mayo.
De visita en Santo Domingo en 1975, Vargas Llosa dijo se encontró con un tema que le ‘‘resultó estimulante, me indujo a fantasear y me enfrentó al embrión de una historia, que duró en la memoria muchos años antes de que me pusiera a escribir’’.
En esa oportunidad, el autor leyó ‘‘cosas extravagantes, enormes y monstruosas, que era imposible que la curiosidad no se despertara, no se avivara’’, así fue que ‘‘explorando me encontré con un material riquísimo para fantasear’’.
En ese marco fue que Vargas Llosa se ‘‘documentó mucho, no para escribir una historia auténtica, sino para familiarizarme con una sociedad y unos personajes tan diferentes a los de mi mundo para poder mentir con conocimiento de causa’’.
Admitió que ‘‘la documentación me resultó muy fértil’’, al punto que ‘‘la abundancia de material fue un problema’’.
Con su obra ‘‘La fiesta del Chivo’’, el ex candidato presidencial de Perú volvió a la literatura tras su incursión fallida en la política activa aunque ‘‘sin dejar de hacer política porque es una tarea intelectual fundamental’’.
El autor, quien en su carrera recibió los premios Cervantes, Rómulo Gallegos, Príncipe de Asturias y Menéndez Pelayos, dijo que ‘‘cada libro es una aventura’’ y si bien admitió que ‘‘me alegra cuando esa aventura encuentra un eco positivo’’, aseguró sentirse ‘‘solidario con todo lo que he escrito’’.
Estimó que ‘‘aquí y en Europa piensan que me he vuelto otra vez un escritor serio (con ‘‘La fiesta del Chivo’’)’’ al considerar que para sus libros anteriores utilizó un ’’género donde hay humor y juegos’’.
El autor de ‘‘La ciudad y los perros’’ anticipó su próxima novela que tiene como protagonista a Flora Tristán, un personaje del siglo XIX, ‘‘anarquista, socialista utópica que, al mismo tiempo, quiso introducir en la agenda política el tema de la mujer’’.
El escritor dominicano Lipe Collado acusó en las últimas horas a Vargas Llosa de ‘‘saqueo intelectual’’ a raíz de lo que consideró ‘‘sorprendentes coincidencias’’ entre ’’La Fiesta del Chivo’’ y su novela ‘‘Después del viento’’, que obtuvo el Premio Quinto Centenario de literatura, pero el escritor peruano habría negado la influencia de ‘‘un libro que no leyó’’, según versiones periodísticas en Buenos Aires.








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